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Historia de Villapalacios. Temas.
El monasterio franciscano de Villaverde de Guadalimar, un panteón para los primeros condes de Paredes
El edificio fundado por Pedro Manrique, II conde de Paredes, en 1486, tras conseguir una bula papal fue el lugar elegido por cuatro condes para ser enterrados, además de otros familiares, como Luis Manrique, limosnero y capellán mayor de Felipe II. Con la desamoritzaión de 1835 los monjes abandonaron este lugar del que sobreviven unas cuantas piedras que recuerdan su glorioso pasado.
Esta es una primera versión de un artículo sobre este monasterio,
que
iremos
actualizando periódicamente
con la intención de recuperar
la
historia de este edificio casi desaparecido,
pero que fue uno de los
lugares
más destacados
de Villaverde de
Guadalimar
y también
del Señorío
de las
Cinco Villas de los Condes de Paredes.
Por José Ángel Montañés Bermúdez.
Publicado el 21 de septiembre de 2026

El monasterio de San Francisco de Villaverde de Guadalimar constaba de iglesia, claustro y edificio conventual y estaba rodeado de una huerta. Vivían unos 18 o 20 religiosos, entre “insignes pinturas y preciosas alhajas”, además de una biblioteca con más de 800 libros. Tras la Desamortización de 1835 el edificio se abandonó y comenzó su deterioro. / RECONSTRUCCIÓN HIPOTÉTICA DEL MONASTERIO REALIZADA CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL A PARTIR DEL CROQUIS ELABORADO POR VICENTE P. CARRIÓN DE SU TRABAJO SOBRE LOS CONVENTOS FRANCISCANOS DE LA PROVINCIA DE ALBACETE (2026).
Los primeros condes de Paredes vivieron en sus casas de Villapalacios y Bienservida, pasaron largas temporadas en Riópar y Cotillas y, finalmente, algunos de ellos eligieron Villaverde de Guadalimar como lugar de enterramiento.
Cuando don Rodrigo Manrique, III conde de Paredes, después de pasar sus últimos diez años de vida en Villapalacios, otorgó testamento, dejó escrito que quería ser enterrado en el monasterio de Villaverde de Guadalimar, una de las villas de su señorío.
Así fue. Cuando falleció, el 1 de enero de 1536, su cuerpo, vestido con el hábito de la Orden de Santiago, fue enterrado en el monasterio de San Francisco de Villaverde. Dejó por su testamento varias imágenes al convento, plata y ornamentos de su capilla y los libros de su estudio y 'un ornamento de raso o damasco blanco, guarnecido en terciopelo azul, para que sirviese en los días de Nuestra Señora'.
El convento había sido fundado en 1486 por su padre, Pedro Manrique, II conde de Paredes, después de conseguir una bula del papa Sixto IV, unos años antes, el 4 de noviembre de 1477.
El monasterio fue creado 'fuera de este pueblo [de Villaverde de Ambas Aguas, como se llamaba entonces], como a un cuarto de legua'. Así comienza el padre Ortega en su Crónica el relato relacionado con este monasterio, la segunda fundación franciscana en la actual provincia de Albacete, detrás del de Alcaraz, en 1443. Pedro Manrique comenzó la obra, pero no la vio terminada, ya que fue terminada en 1489, ocho años después de su fallecimiento. Ese año tomaron posesión de aquella casa los monjes franciscanos de la provincia de Cartagena, con advocación de Nuestra Señora del Corpus Christi.
Don Rodrigo eligió este monasterio y no Uclés, en Cuenca, donde habían sido enterrados algunos de sus antepasados. Entre otras razones, allí estaban enterradas su madre, Leonor de Acuña, II condesa de Paredes, fallecida en 1501; y su primera esposa, Isabel Fajardo Chacón, III condesa de Paredes, muerta en 1509, además de algunos de sus hijos que habían fallecido niños, como Julián Manrique, muerto antes que su padre.
Pero don Rodrigo no sería el último miembro de la familia en ser enterrado en este monasterio.
Su segunda esposa, la villapalacense doña Ana Manrique, también III condesa de Paredes, fue sepultada allí tras fallecer en 1558.
Décadas después, también sería enterrado en Villaverde don Luis Manrique de Lara, hijo de don Rodrigo. Aunque falleció en Madrid en diciembre de 1583, su voluntad fue descansar junto a los suyos.
Don Luis, sacerdote de Riópar y Villapalacios, había ingresado en la capilla de Carlos V y posteriormente había alcanzado algunos de los cargos eclesiásticos más importantes de la corte de Felipe II, llegando a ser Limosnero y Capellán Mayor del monarca.
A lo largo de su vida destinó una importante cantidad de dinero a reformar y mantener el monasterio en el que había decidido ser enterrado. Se gastó más de 4.000 ducados en las obras de reforma, según cuenta el padre Ortega:
Determinado a hacer, a toda costa y magnificencia su reparo, porque el edificio desde su construcción había padecido alguna ruina, por la injuria del tiempo en la iglesia y habitaciones de los religiosos.
Según Ortega:
Es una obra muy buena y costosísima en extremo, porque para librarla de dichas inundaciones, se levantó a 'fundamentis', de piedra labrada, una muy capaz y dilatada cimbra que une los dos montes, la cual da paso a las continuas avenidas que amenazaban el convento, y sobre dicha cimbrá está fundada la iglesia. Así mismo, de la vivienda de los religiosos que se forma de un mediano claustro, con los dormitorios y oficinas correspondientes.
Por los muchos gastos que había tenido, Luis Manrique obtuvo el 17 de agosto de 1578, la escritura de patronazgo que lo reconocía como patrón del convento.
En esta escritura se establecía que, después de su muerte, el patronazgo quedaría vinculado para siempre a los condes de Parede, fijando que sean patron único. En la capilla mayor y en las capillas colaterales solo podrían ser enterrados los condes, sus hijos y descendientes, así como otras personas pertenecientes a los linajes de los Manrique, Acuña y Buendía, siempre con el consentimiento de los condes. Y en las capillas colaterales se podrían enterrar los frailes y religiosos monjes.
Luis Manrique también escoge el lugar en el que quería ser enterrado: 'Digo que mi sepultura y enterramiento ha de ser en la parte y como yo lo ordenare, antes de mi fallecimiento, sin perjuicio de los demás cuerpos y entierros'. Al morir, en diciembre de 1583 fue enterrado en la capilla mayor, al lado del Evangelio. Fuera de la reja, en la pared que mira al altar mayor había un busto suyo y un escudo de sus armas. Y en una piedra de jaspe se podía leer:
Debaxo de la grada de este altar, está sepultado el cuerpo
de don Luis Manrique, rogad por el al señor. Año 1583
El documento también regulaba el uso de los diferentes espacios del monasterio, reservando una de las capillas colaterales para el enterramiento de los religiosos y las restantes para otros usos.
Pese al dinero invertido, Luis Manrique no pudo concluir la reforma del convento, según relata Ortega:
Es una obra firmísima. Costosa y de mucho primor, de modo que si estuviese finalizado sería un convento mediano de los mejores, más hermosos y más acomodados de la Provincia.
Los condes continuaron con el patronato de este monasterio y, cuando el 25 de abril de 1746 vendieron las Cinco Villas al conde de Amores, don Pedro Amores Angulo, siguieron vinculados, como patrones, de él. También de las capellanías que había fundado en Villapalacios una hermana de don Luis Manrique, doña Juana Manrique de Lara.
Un monasterio mucho más importante de lo que hoy podemos imaginar
Aquel monasterio fue durante siglos un importante foco de cultura y religiosidad para Villaverde de Guadalimar y para las otras cuatro villas que formaban el antiguo señorío de las Cinco Villas que esta rama de los Manrique poseía en la Sierra de Alcaraz.
Sin embargo, de aquella enorme construcción apenas quedan hoy algunos restos.
El edificio desapareció prácticamente por completo y en el lugar donde se levantaba encontramos actualmente un espléndido olivar. Solo algunas estructuras de piedra, conducciones de agua y galerías subterráneas permiten intuir la importancia que llegó a tener aquel conjunto.
Sabemos que contaba con iglesia, claustro y edificio conventual, donde llegaron a convivir entre quince y veinte religiosos. La iglesia disponía de siete capillas, dedicadas a San Francisco de Asís, San Antonio de Padua, San Buenaventura, el Santo Cristo, San Salvador y Nuestra Señora de la Consolación, además de la Capilla Mayor.
El monasterio albergaba también un importante patrimonio artístico: cuadros, esculturas, piezas de ajuar litúrgico y otros objetos de valor. A todo ello se sumaba una biblioteca que llegó a reunir más de 600 volúmenes, una cifra considerable para la época.
Como patronos que eran, los condes de Paredes tenían que tomar posesión tras suceder en el cargo al anterior conde fallecido. Se realizaba una ceremonia en la que se hacía traspaso del patronato siguiendo un ritual.
Conocemos el que se llevó a cabo tras acceder al titulo María Isidra de la Cerda Manrique de Lara, tras ser nombrada XIV condesa de Paredes, como única hija de Isidro Manrique, XIII conde de Paredes.
El 10 de enero de 1754 se llevó a cabo la toma de posesión del patronato del convento y de la iglesia del monasterio. Ella no participó, quizá por que estaba en Madrid y por que era una niña menor de edad, pero si un emisario suyo, Lorenzo Muñoz Millán:
Y en señal de posesión el reverendísimo padre fray Josep Antonio Pérez, guardían del dicho convento de consentimiento del expresado señor don Pedro José Buitrago, juez al presente de estas diligencias, tomó de la mano al referido apoderado Lorenzo Muñiz Millán, lo entró en la iglesia de dicho convento llevándolo a su mano derecha, y habiendo hecho oración en la capilla mayor de dicha iglesia lo sentó en una silla que a este fin estaba prevenida en el presbiterio al lado del evangelio, y después abrió y cerró las puertas de dicha iglesia, se paseó por los claustros y dormitoros de dicho convento, sacristía y celda de dicho reverendísimo padre guardían e hizo otros actos distintos todo en señal de posesión que tomó quieta y pacíficamente sin contradicción alguna y presencia y con mucho gusto de toda la comunidad que salió para despedirlo y escribirlo hasta fuera de la portería, y con repique de campanas y también de otras muchas personas que asistieron y se hallaron presentes a este acto que fueron en su compañía.

Croquis de la iglesia del monasterio de San Francisco de Villaverde y sus siete capillas. / RECONSTRUCCIÓN HIPOTÉTICA DEL MONASTERIO REALIZADA CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL A PARTIR DEL CROQUIS ELABORADO POR VICENTE P. CARRIÓN DE SU TRABAJO SOBRE LOS CONVENTOS FRANCISCANOS DE 2026.
El comienzo de la decadencia
Poco a poco, sin embargo, la comunidad religiosa fue disminuyendo. Los distintos censos del siglo XVIII muestran una reducción progresiva del número de monjes.
Todo apunta a que el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755 también afectó al edificio y pudo contribuir al comienzo de su deterioro, aunque la decadencia del monasterio fue un proceso más largo.
Entre 1821 y 1835 el convento fue suprimido temporalmente y sus últimos cinco monjes fueron trasladados al convento del Viso del Marqués, en Ciudad Real, debido al mal estado del edificio.
Posteriormente, los religiosos regresaron a Villaverde y realizaron algunas obras de mantenimiento, entre ellas el retejo del edificio y la colocación de rejas en las ventanas. Pero aquellas intervenciones no pudieron detener su deterioro.
Finalmente, el 18 de octubre de 1835, en el marco del proceso de desamortización de los bienes eclesiásticos, los monjes abandonaron definitivamente el monasterio de Villaverde de Guadalimar.
¿Qué ocurrió con sus bienes?
Tras la supresión del convento de Villaverde, «las pertenencias fueron aplicadas a la Iglesia parroquial de la misma villa y a la de Bienservida, ambas en extremo necesitadas».
Algunos de aquellos bienes parecen haber llegado hasta nuestros días.
Como el magnífico Cristo de la Celebración, una obra del siglo XVII que actualmente se conserva en la sacristía de la iglesia de San Mateo, procedería casi con toda seguridad del antiguo monasterio.
También podría proceder de allí la excepcional y enorme pila bautismal situada en la entrada de la actual iglesia de San Mateo. En Villaverde, las personas de más edad aseguran que «la pila la trajeron de arriba», sin concretar el lugar, pero haciendo referencia, seguro, al monasterio.
Esta pila está siendo objeto de estudio por nuestra parte. Aquí adelantamos que la mandó hacer un tal Juan Alarcón (Benitez) y que estaba terminada, según la inscripción que está situada en su parte superior, en 1572.

Y la historia del monasterio no terminó con su desaparición.
Ya en el siglo XX, cuando las ruinas del edificio eran cada vez mayores, el Ayuntamiento aprovechó buena parte de sus piedras para distintas construcciones del casco urbano. Entre ellas se encuentra el enorme muro que da forma a la Plaza Vieja y otros edificios públicos.
Así, poco a poco, aquel monasterio que durante siglos fue uno de los grandes centros religiosos y culturales de Villaverde fue desapareciendo de la vista y de la memoria.
Hoy apenas quedan unas cuantas piedras, algunas conducciones de agua y galerías subterráneas. Pero detrás de esos restos se esconde la historia de un edificio que fue fundado por los Manrique, que acogió a una importante comunidad de religiosos, que contó con una valiosa biblioteca y un notable patrimonio artístico y que se convirtió, además, en lugar de enterramiento de varios miembros de los primeros condes de Paredes.


Arriba, detalle del enorme muro que da forma a la Plaza Vieja de Villaverde Guadalimar construido con sillares del monasterio de San Francisco. Abajo, conducciones de agua y galerías subterráneas que sobreviven in situ y que permiten intuir la importancia que llegó a tener aquel conjunto. / FOTOS DE JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS
¿Proviene este San Francisco del retablo de Bienservida del monasterio de Villaverde de Guadalimar?
En el magnífico retablo de Bienservida se conserva, entre la docena de tallas, una de San Francisco de Asís. Está situada en el tercer cuerpo, a la izquierda del Calvario, en la parte barroca del mismo. Se le representa, como ha publicado Tomás Martínez en su blog de historia de Bienservida, como un hombre maduro con barba, calvo, pero con un abundante mechón de pelo en la frente, vestido con un sayal franciscano azul con un cordón con nudos atado a la cintura.
Además de esta peculiaridad del sayo de color azul, y no marrón, como suele ser el de los franciscanos, Martínez comenta que la figura del santo es más grande que la hornacina que lo cobija y que es probable que su origen primero no fuera este retablo, si no que fuera reutilizada de otro lugar. En la magnífca foto de Carmelo Pérez que ilustra esta publicación se ve como la base de la figura del santo sobresale de la peana y cómo apenas entra en el hueco.
Carrión Íñiguez, al estudiar el monasterio de Villaverde, dentro de su trabajo sobre los conventos franciscanos de la provincia de Albacete así lo asegura: «Las pertenencias del suprimido convento de observantes de Villaverde fueron aplicadas a la Iglesia parroquial de la misma villa y a la de Bienservida, ambas en extremo necesitadas».
Para Carrión esta figura de San Francisco de Asís no es de la época de la realización de esta parte del retablo y es más que probable que proceda del convento de Villaverde de Guadalimar.

Talla de San Francisco de Asís situada en la parte superior del retablo de la iglesia de San Bartolomé de Bienservida, que algunos investigadores aseguran que procede del monasterio franciscano de Villaverde de guadalimar. / FOTO DE CARELO PÉREZ
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
CARRIÓN ÍÑIGUEZ, V. P. (2006). Los conventos franciscanos de la provincia de Albacete. Siglos XV- XX. Historia y Arte. Publicaciones del Instituto Tecnológico de Murcia, OFM, Murcia. pp. 128-163.
ORTEGA, P. M. (1742-1752). Chronica de la Santa Provincia de Cartagena de la Regular Observancia de N.P.S. Francisco, Biblioteca del Instituto Tecnológico de Murcia, ITM, Murcia, 3 vols. (Ed. facsimil 1980).
LOSA SERRANO, P.; LÓPEZ GUTIÉRREZ, R. M.; CÓZAR GUTIERREZ, R. (2014). De comendadores a maestres de la Orden de Santiago. El señorío manriqueño de la Sierra de Alcaraz. Sílex, Madrid.
SALAZAR Y CASTRO, L. (1694). Historia genealógica de la Casa de Lara justificada con sus insrtumentos y escritores de inviolable fe. Madrid.