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Historia de Villapalacios. Personajes
Juana, la niña ‘adoptada’, cuando apenas era un bebé, por doña Juana Manrique en 1574
La pequeña vivió siempre al lado de la noble que la menciona en su testamento de 1588 en el que
la dota de una renta vitalicia, que luego, en el codicilo de 1590, matiza.
Por José Ángel Montañés.
Publicado el 19 de marzo de 2026

La que en el siglo XVI era la calle de Palacio de Villapalacios, actual calle de los Condes de Paredes.
Aquí estaba la casa-palacio de los Condes de Paredes y fue donde vivió toda su vida doña Juana Manrique.
Imagen
de los años 60 del siglo XX realizada por Jaime Belda duranet una visita a Villapalacios. / FOTO BELDA
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Los niños expósitos fue un fenómeno social muy frecuente hasta la primera mitad del siglo XX. Con la exposición de los recién nacidos, los padres declinaban de la crianza de un hijo, rechazando al niño en la oscuridad de la noche y dejándolo en la puerta de una iglesia, del ayuntamiento o en casas de particulares. En Villapalacios son muchos los niños expósitos, dejados a las puertas de la iglesia de San Sebastián, o en casa de particulares, sobre todo de alcaldes, de médicos o de personas con recursos económicos hasta hace unas décadas; unos hechos que conocemos gracias a las anotaciones que figuran en los libros de bautismos. Nuestro propósito es estudiar los que se llevaron a cabo en los siglos XVI y XVII. Pero, mientras tanto, nos centraremos en uno que tienen como protagonistas a dos mujeres llamadas con el mismo nombre: Juana.
Se trata de una niña, que, tras haber sido abandonada por sus padres en el Villapalacios del siglo XVI, fue criada por el concejo de la villa y luego pasó a ser ‘adoptada’ por doña Juana Manrique, la ilustre noble nacida en Villapalacios en 1519, hija del III Conde de Paredes, Rodrigo Manrique.
Según un acta conservada en el segundo de los libros de los bautizados en la iglesia de San Sebastián, el 10 de septiembre de 1574 se bautizó a Juana tras ser criada por el concejo y “tomarla” la señora doña Juana. Por la forma que esta explicado, entendemos que primero se hizo cargo de la niña, entendemos que recién nacida, el concejo, pero luego doña Juana Manrique, que, por entonces, contaba con 55 años y llevaba 6 años viuda, desde que su marido, el capitán Jerónimo de Aliaga había fallecido, se hizo cargo de ella, como criada, para criarla.
Es en ese momento cuando se bautiza, “y la hizo bautizar”, se puede leer. En el bautizo estuvo acompaña, como “compadres”, los padrinos actuales, el licenciado Francisco Rioja, sacerdote de Villapalacios y doña Isabel Manrique, “doncella de la señora doña Juana”. Ofició el bautismo otro religioso, el licenciado Juan Pérez, que firmó el acta.

Inscripción de la partida de bautismo de Juana, a cargo de doña Juana Manrique el 10 de sepitembre de 1574.
/ ACTAS DE BAUTISMO DE LA IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN DE VILLAPALACIOS, LIBRO II, 1568 – 1618.
La pequeña Juana vuelve a parecer en referencia a la confirmación que se celebró en Villapalacios el 23 de noviembre de 1582. Allí figura como “Juana, criada de doña Juana” en la lista de niños que confirmó Antonio de Salcedo, obispo visitador general en el partido de Alcaraz bajo el cardenal Gaspar de Quiroga.
El Catecismo tridentino de 1566 no fijaba una edad precisa para administrar este sacramento de la confirmación, pero también que “no había que hacerlo antes de que los niños tengan uso de razón. Por eso, aunque no hay que esperar a los doce años, conviene diferir este sacramento hasta los siete”.
Teniendo ese precepto en cuenta, en el momento de recibir su confirmación, la pequeña Juana tendría esos siete u ocho años (edad que sale de la resta entre 1582 y 1574), por lo Juana pasó de manos del concejo a las de doña Juana cuando era un bebe de apenas unos meses de edad.
Juana vuelve a aparecer en el testamento realizado por doña Juana Manrique el 15 de noviembre de 1588 y en el codicilo, que modificaba este testamento, que hizo y firmó la noble el 17 de agosto de 1950, una semana antes de fallecer, el día 24 de agosto.
En el primero, doña Juana establece que a Juana ‘Evangelista’, que por esa fecha contaba con 14 años:
Se les den 400 ducados y una cama y el ajuar que fuere necesario para ser religiosa en el monasterio de la Magdalena de la ciudad de Alcaraz o en otro si en aquel no hubiere lugar y se le den 100 ducados más cada año de la renta de mi hacienda por todos los días de su vida y nomas, con tanto que sea religiosa y entretanto que se consienta la entrada en el monasterio la alimenten de mis vienes, como mejor parezca a mis albaceas.
En el caso de que no quisiera ser religiosa, dice que: “se le den 200 ducados y su cama y vestidos y no más”.
O sea: 400 ducados y todo el ajuar para ser monja y 100 ducados anuales mientras viviera. Y si no fuera religiosa 200 ducados y su cama y vestidos.
Es la misma cantidad que deja para Isabel Manrique, “mi criada” que actuó de madrina de la pequeña Juana en 1574: “200 ducados para su casamiento luego que sea casada”.
Sin embargo, en el codicilo de 1590, el legado para Juana Evangelista, que ya tiene 16 años, cambia y ya no se habla de que sea monja o se case, ni de dejarlo cantidad de dinero ninguno.
Este cambio, como ocurrió con otras mandas del testamento se vieron alteradas en el codicilo por la situación económica que vivía doña Juana tras el pleito que le habían puesto los hijos que su marido había tenido con su primera mujer, Beartiz de Medrano, por la herencia del conquistador.
En este caso, doña Juana Manrique, cuando se refiere a ella dice:
Yo he criado a Juana Evangelista y teniéndola mucho amor y voluntad y queda muchacha, y no quería que como a tal la engañase alguna mala persona, por lo cual mando y es mi voluntad que la susodicha esté en casa de Geronimo Perote, al cual mando que mire por ella, como yo confío de él. Y a ella le mando no disponga de ninguna cosa sin su voluntad, porque sé que la guiará a lo que más bien le esté en el estado que ella quisiera escoger y no lo haga de otra manera y si lo hiciere, quiero que la manda que le hago sea en si ninguna y de ningún valor y efecto y vuelva al cuerpo de mi hacienda.
Sin duda Juana salió perdiendo con el cambio, pero dejarla bajo la tutela de Jerónimo Perote y de su familia era garantía de futuro, ya que esta persona de maxima confianza de doña Juana y su familia formaban uno de los núcleos más próximos a la noble durante toda su vida y eran miembros de la élite social y económica de Villapalacios del momento.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Actas de Bautismo de la iglesia de San Sebastián de Villapalacios, libro II, 1568 – 1618.
MONTAÑÉS BERMÚDEZ, José Ángel (en prensa). Doña Juana Manrique (Villapalacios, 1519 – 1590). Una vida entre el pueblo llano y la nobleza y entre dos países, España y Perú.RODRIGUEZ BLANCO, Cynthia (2024). ‘Ser madre en solitario: un retrato de las familias incompletas en la Castilla Moderna’. Studia Historica. Historia Moderna. Ediciones Universidad de Salamanca, 46, n. 1, pp. 61-85.
RODRIGUEZ, Pedro; LANZETTI, Raúl (1982). El catecismo romano; fuentes e historia del texto y de la redacción; bases criticas para el estudio teológico del catecismo del Concilio de Trento. 1566. Ediciones Universidad de Navarra.
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