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Historia de Villapalacios. Documentos.

 

Así era la agricultura de Villapalacios en 1935: trigo, cebada, centeno, garbanzos, patatas, cebollas, guijas, ajos y olivos

Un año antes del comienzo de la Guerra Civil, el campo estaba a pleno rendimiento. Predominaban el cultivo de subsistencia, mientras el olivar comenzaba a despuntar y a ganar terreno hasta convertirse, con el paso de los años, en el cultivo mayoritario del municipio.

 

 

 

Por José Ángel Montañés Bermúdez.
Publicado el 6 de noviembre de 2026

 

olivos

 

Olivos situados en la ladera de la ermita de San Cristóbal, desde donde se puede ver Villapalacios, al fondo.
/ FOTO DE JOSÉ ÁNGEL MONTAÑES

 

 

rojo Los documentos históricos tienen la capacidad de ofrecernos una fotografía de un momento determinado. Son testimonio que permiten conocer cómo era la realidad de una época, más allá de los recuerdos y los relatos personales, siempre condicionados por la memoria y la subjetividad.

Es el caso de un documento localizado en el Archivo Municipal de Villapalacios que, en una sola hoja, reúne una información muy valiosa sobre los cultivos que se desarrollaban en el término municipal en 1935, apenas un año antes del comienzo de la Guerra Civil, un conflicto que cambiaría para siempre la vida del país y también la de sus pueblos.

Villapalacios ha sido tradicionalmente una localidad agrícola y ganadera. Buena parte de su riqueza ha estado ligada, como sucede en tantos otros municipios, al aprovechamiento de los recursos naturales y al trabajo de la tierra.

Hoy, los cultivos predominantes en el municipio son los cereales y, sobre todo, el olivar. Sin embargo, el paisaje agrícola de hace casi un siglo era bastante más diverso. Junto a los campos de trigo y cebada convivían otros cultivos destinados tanto a la alimentación de las personas como a la de los animales, fundamentales entonces para el trabajo cotidiano en el campo.

 

 

docuemnto

Documento de 1935 en el que figuran los cultivos que se llevaban a cabo en Villapalacios y las fanegas de terreno que ocupaban.
/ ARCHIVO MUNICIPAL DE VILLAPALACIOS.

 

 

El documento que nos permite reconstruir aquel paisaje recoge la «superficie que se explota en el término municipal de Villapalacios, el día 1 de mayo, con las plantas y aprovechamientos que se indican». Se trata, por tanto, de un inventario de los cultivos existentes en aquella fecha y de la extensión de terreno que se dedicaba a cada uno de ellos.

La relación fue elaborada por encargo del Servicio Nacional Agronómico, organismo público de la Segunda República encargado de recopilar información estadística y promover el conocimiento y desarrollo del sector agrario.

El listado organiza los aprovechamientos en dos grandes apartados: «Cereales y leguminosas» y «Varios». Las superficies aparecen expresadas en fanegas, una antigua unidad de medida agraria cuyo valor podía variar según el territorio. En Villapalacios, la equivalencia utilizada era de aproximadamente 0,64 hectáreas por fanega.

 

El trigo y la cebada, protagonistas de los cultivos de cereal.

El trigo era, con diferencia, uno de los cultivos fundamentales. El documento contabiliza 3.000 fanegas, equivalentes a unas 1.920 hectáreas. De ellas, 2.800 correspondían a tierras de secano y las 200 restantes a regadío.

A continuación, aparecía la cebada, con 740 fanegas: 600 de secano y 120 de regadío. A esta superficie se añadían otras 20 fanegas de cebada destinada específicamente a forraje, es decir, a la alimentación del ganado.

No hay que olvidar la importancia que tenían entonces los animales de trabajo. Caballos, mulas y burros eran imprescindibles para las labores agrícolas, por lo que disponer de cultivos destinados a su alimentación resultaba fundamental para mantener la actividad de las explotaciones.

A bastante distancia de estos dos cereales se encontraba el centeno, con 100 fanegas de secano. También se cultivaban 80 fanegas de garbanzos, 40 de almortas o guijas —una legumbre tradicional muy vinculada a la alimentación rural— y 20 fanegas de habas de regadío.

 

Patatas, cebollas y ajos para completar la producción

En el apartado de otros cultivos aparecen productos que formaban parte de la alimentación cotidiana de las familias de Villapalacios.

La patata ocupaba una superficie considerable, con 175 fanegas de secano. Las cebollas, por su parte, ocupaban 10 fanegas, mientras que al cultivo del ajo se destinaban otras cinco.

Eran producciones más modestas en extensión, pero importantes para completar la economía de las explotaciones agrícolas y abastecer las necesidades domésticas.

 

 

huertas

El cerro y la ermita de San Cristóbal al fondo, lleno de olivos. Y en primer plano las huertas junto al río Casas o río de la Madre que
viniendo de la sierra pasa junto al casco urbano de Villapalacios y cruza su término municipal hasta desembocar en el Guadalmena.
/ FOTO DE JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS.

 

 

El olivar, un cultivo en plena expansión

Si hay un dato que llama especialmente la atención en este documento es la importancia que ya tenía el olivar en Villapalacios. Era el aprovechamiento agrícola al que se dedicaba una mayor superficie.

La relación contabiliza 2.525 fanegas de olivar. De ellas, 1.275 correspondían a olivares en producción, 300 de estas en regadío. El resto figuraba como olivar que todavía no producía, lo que permite apreciar la importancia de las nuevas plantaciones que se estaban realizando por aquellos años.

El dato resulta especialmente interesante porque apunta a un proceso de expansión del cultivo del olivo, con numerosas plantaciones jóvenes que aún tardarían un tiempo en entrar en producción.

Tenemos otra referencia documental que permite seguir la evolución de este cultivo. En un censo olivarero de 1944, que ya publicamos en nuestra web de Historia de Villapalacios, se contabilizaban 83.552 olivos en el municipio, distribuidos en una superficie aproximada de 600 hectáreas.

El censo también permite conocer cómo estaba repartida la propiedad: eran 296 los propietarios de olivares. Cerca de un centenar de ellos tenían explotaciones con menos de 100 árboles, aunque también había algunos que superaban los 3.000 olivos.

A estas cifras hay que añadir otras 40 fanegas de olivar de secano que el documento de 1935 recoge asociado a la viña.

 

Cuando los olivares compartían espacio con las viñas

La presencia de la viña es otro de los detalles interesantes de este inventario. En 1935 se contabilizaban 25 fanegas de viñedo en producción y otras 60 que todavía no producían.

Quienes paseen hoy por algunos olivares de Villapalacios todavía pueden encontrar cepas aisladas, cada vez más escasas, que sobreviven entre los olivos. Suelen estar plantadas en el espacio central entre cuatro árboles y son un vestigio de aquella época en la que ambos cultivos compartían una misma parcela.

La producción de uva y la elaboración de vino fueron actividades conocidas en Villapalacios durante buena parte del siglo XX. No parece que llegaran a constituir una industria de grandes excedentes, sino más bien una producción destinada al autoconsumo y a la venta en pequeñas cantidades. Conocemos los datos de producción de vino entre los años 1947 y 1971, en el que medio centenar de agricultores que tenían cosechas anuales de más de 10.000 litros.

 

 

El cereal bortando tras ser plantado en los campos cercanos a Villapalacios. / FOTO DE JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS.

 

 

Barbechos, eriales y aprovechamientos forestales

El documento también ofrece información sobre los terrenos que no estaban dedicados directamente a cultivos productivos.

Destacan las 3.100 fanegas de barbecho de secano, es decir, tierras que se dejaban descansar temporalmente para recuperar su fertilidad. A ellas se sumaban otras 100 fanegas de barbecho con árboles.

También se contabilizaban 200 fanegas de erial no permanente y apenas 14 fanegas de alamedas y sotos. Estas últimas eran pequeñas superficies pobladas de árboles y arbustos, generalmente situadas junto a los cursos de agua y en las vegas. De ellas, cuatro fanegas eran de secano y diez de regadío.

Los cultivos que no se realizaban en Villapalacios

Tan interesante como conocer lo que se cultivaba es descubrir qué productos no aparecen en la relación de 1935.

El inventario no registra superficies dedicadas a otros cereales y leguminosas que también formaban parte de la agricultura tradicional, que recoge la lista. Es el caso de la escaña, un cereal antiguo emparentado con el trigo y relacionado con las variedades de trigo vestido, entre las que se encuentra la espelta. Su grano conserva una cubierta exterior más resistente y es una de las especies que hoy despiertan un renovado interés por su adaptación a sistemas de cultivo menos intensivos.

Tampoco aparecen cultivos de avena ni de tranquillón, una mezcla de trigo y centeno que se sembraba conjuntamente. No se registran tampoco algarrobas, guisantes, yeros ni alberjones, leguminosas rústicas capaces de adaptarse a condiciones difíciles, como el frío, la sequía o los suelos de escasa calidad.

La relación tampoco recoge altramuces, nabos, lino, regaliz, esparto o mimbre.

Este documento de 1935 es, en definitiva, mucho más que una simple estadística agrícola. Es una pequeña ventana a la economía y al paisaje de Villapalacios de hace casi un siglo. Nos habla de un campo en el que el trigo y la cebada compartían protagonismo con las legumbres, las hortalizas, las viñas y un olivar que comenzaba a ganar terreno y acabar siendo casi un monocultivo.

Un paisaje agrícola mucho más diversificado que el actual y una forma de trabajar la tierra que estaba a punto de enfrentarse a uno de los periodos más difíciles de la historia reciente de España.

 

 

 

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