GHISTORIA DE VILLAPALACIOS
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Historia de Villapalacios. Pregón de las fiestas. Años 2007-2016

 

___2016____________________________

ju Pregón realizado por JUSTO LOSA SERRANO.

Justo Losa Serrano, el pregonero de estas fiestas de 2016 estudio Magisterio y su primer destino fue Povedilla donde estuvo muchos años de profesor, junto a su mujer Angelita Palacios. Justo acabó siendo director del colegio y alcalde de la localidad durante muchos años. Estas dos ocupaciones las alternaba con la gran remodelación del Balneario de Benito en la localidad vecina de Reolid y propiedad de la familia de su mujer. Un complejo residencial que ofrece servicios de todo tipo y, sobre todo, muchos puestos de trabajo a toda la comarca.

 

 

 Pregon justo

Justo Losa durante su pregón el 13 de septiembre

 

 

 

 

Señor Alcalde, Señores Concejales, Queridos amigos.

La Corporación Municipal me ha invitado a ser el Pregonero de las Fiestas del año 2016.

 

¡Y aquí estoy!

Para unirme a mis paisanos en esta ceremonia de apertura, con un grito de alegría e ilusión; y para recordar un pasado compartido con muchos que estáis aquí esta noche.

Hay una frase de Homero, el gran poeta griego, que deseo citar como una especie de prólogo:  “No hay nada tan dulce y mejor como la tierra en la que has nacido”.

Yo, un hombre de este pueblo, siento que nuestra tierra quizás no sea mejor que otras, aunque para mí, sí lo es.

 

Tiene algo especial, algo inconfundible y sé que para cada uno de los que me estáis escuchando, también lo tiene y por eso vais a comprender todo lo que esta noche voy a expresar sobre este rincón donde nací y desde luego, no dudéis que cada frase, cada letra que contiene, me ha brotado del alma.

He venido con un claro objetivo: decir a los más jóvenes que se sientan orgullosos de sus raíces, hundidas en esta vieja y noble Villa, antiguo lugar llamado CENILLA, capital años más tarde, ya con el nombre de VILLAPALACIOS, del Señorío de la Cinco Villas de la Sierra de Alcaraz.

 

Conservamos en nuestra memoria que aquí vivieron algunos miembros de la noble familia de los Manrique de Lara, condes de Paredes, como por ejemplo JUANA MANRIQUE DE LARA, última hija de los Terceros condes de Paredes, nacida en el pueblo y casada a mediados del siglo XVI con JERÓNIMO DE ALIAGA, capitán de “Su Magestad” y conquistador del Perú en América.

 

Una villa limpia y bien cuidada, que hoy es un ejemplo de comunidad viva y dinámica, abierta a los nuevos desafíos de la modernidad; pero que desea preservar, como su más rico patrimonio, las glorias del pasado.

Me encuentro acompañado por una parte de mi familia. La familia ha aumentado; y aunque mis nietos no se encuentran en persona aquí siento que me hacen compañía en esta noche grande, tan grata para mí.

 

Queridos niños:

Es precisamente a vosotros, chiquillos y chiquillas de Villapalacios, a quienes voy a dirigir este pregón.

Para hablaros de lo que ha sido la vida en un pueblo tan maravilloso y querido para mí.

Para pediros que cuidéis de su futuro, porque su porvenir está en vuestras manos.

 

Y para que os sintáis orgullosos de pertenecer a esta gran familia, llevando con honor sentirse del pueblo, nuestra “patria chica”; por los cuatro puntos cardinales. Cuando seáis mayores, allí donde os encontréis, decid a vuestros amigos que vuestras raíces son de una Villa muy antigua y querida para vuestros padres y abuelos.

Contad a los chavales que habéis participado en las fiestas de una antigua fortaleza situada en lo alto del terreno.

Un lugar que tiene escrita sobre sus piedras centenarias una rica y vieja historia.

Un lugar donde, si te asomas con lo oscuro al Mirador de la Glorieta, puedes ver los fulgores de muchos pueblos de Andalucía y de La Mancha.

¡Un lugar tan elevado que, en las noches claras del invierno, casi puedes tocar las estrellas con las manos!

¿Sabéis queridos niños, por qué muchos de vosotros venís desde tan lejos?

Os lo voy a decir: porque este pueblo, como tantos otros de Albacete, pasó por el amargo trance de la emigración.

Los tiempos venían malos, y las gentes se vieron obligadas a buscar trabajo en otra parte.

 

Para ellos fue muy duro. Más aún lo fue para sus padres, que nunca se adaptaron a vivir en los suburbios de Valencia o Madrid, en el cinturón industrial de Barcelona, o en las grandes capitales europeas.

Allí pasaron los últimos años de sus vidas, recordando las tardes de paseo por el Carril, la Carretera de Guadalmena, la Placeta del Correo, los bancos de la plaza, los Cantones del Cine y del Encerraero, el Depósito del Agua o el Camino de los Carrizales: nombres hermosos y entrañables, que les hablaban del lugar donde nacieron, y que no volverían a ver jamás.

 

En sus noches de ruidos, cemento y contaminación, confinados en ciudades hostiles y lejanas, esos paloteños que emigraron vivieron el dolor por su tierra perdida: el recuerdo de los campos de amapolas, la añoranza de sus fiestas, la nostalgia del trigo y de la aceituna.

Algunos, los más pobres, se fueron con lo puesto, llevando solamente sus humildes hatillos.

Otros añadieron a ese modesto ajuar una estampa del Cristo de la Vera-Cruz, cuyas Fiestas he venido a pregonar.

A Él se encomendaron pidiéndole su amparo y protección.

¡Y los bravos paloteños no temieron!

 

En su temple de hombres recios y en su Santo-Cristo encontraron la fuerza necesaria para vencer en la pelea cotidiana; encontrando la ilusión para traeros a vosotros, que habéis nacido fuera, a conocer lo que ellos más querían: nuestro pueblo, nuestro Cristo y nuestras fiestas.

 

Hoy quiero también que rindamos tributo a los abuelos: a los que emigraron y a los que permanecieron aquí.

Y los que nunca conocisteis aquellos años de pena y sufrimiento, les digáis conmigo a coro: ¡podéis sentiros orgullosos, fuisteis una generación de valientes luchadores! Con esfuerzo, valor y sacrificio, habéis hecho y entregado a vuestros hijos la España que hoy tenemos: una España de paz, justicia y libertad.

 

En este pueblo nací yo hace 67 años. En él pasé mi infancia y mi juventud junto a otros niños como vosotros.

Asistí a la escuela de Doña Carmen, hija de Doña Fidela, mi maestra de párvulos, donde hoy se encuentra el Salón Parroquial; de Don Aníbal, de Don Eduardo Algaba, de Doña Enriqueta y de Don Federico. A todos ellos quiero rendir un sentido homenaje esta noche; en especial a Don Federico, quien nos ha dejado recientemente.

 

Mi recuerdo también para algunos de mis compañeros, como Melitón, Gabrielín, Pedrules de la Anastasia, Ernestito, Ricardo, Marchena, Marcial y otros muchos que no cito para no extenderme demasiado.

 

Hacía frío en los pupitres durante aquellos días de hielo, incluso debíamos llevar latas de ascuas para poder cerrar las manos ateridas y coger los palilleros. Contábamos con muy pocos medios: una esfera, un mapamundi, una pizarra y unos cuantos libros y cuadernos, con las tizas muy escasas, los lápices prestados, la tinta hecha con polvos y las plumillas

prendidas a toscos palilleros.

 

Pero en aquella escuela inolvidable aprendí todo lo que sé, ese sólido cimiento que nos forja para siempre, esa sobria disciplina que te enseña a cumplir y a respetar, ese saber fundamental que abre nuestros ojos a la vida.

Cómo no recordar a mis padres, a mis abuelos y a mis tíos Virgilio, Petra y Justa.

Todos ellos, sin excepción, ocupan un lugar privilegiado en mi corazón.

 

A veces siento la añoranza de verles lavar la ropa en el Royo que Cruza, en el Royo de la Cueva o en el Charco de los Castaños.

 

Con muy escasos medios y con mucho sacrificio fueron capaces de darme estudios y forjarme como persona.

Mirad, niños: Entonces no teníamos juguetes, pero sabíamos divertirnos. En la Plaza y en las calles y placetas jugábamos a la CIRIGALGA, al APIO, al ESCONDITE y al TEJO.  

 

Y jugábamos al RULO, echándole un buen freno con la horquilla que nos hacía Serafín Medina, el herrero, porque, como se escapara aquel rulo de hierro calle abajo, ya no podías sujetarlo.

 

Y, sobre todo, teníamos las BOLAS, nuestro pasatiempo preferido. Yo jugaba en la Calle del Currucote (donde vivían mis padres) y en la Calle de los Charcos (donde vivían mis abuelos maternos y mis tíos).

 

En primavera, con las cuestas enyerbadas, hacíamos regueros marcando un restregón con agua: los famosos

ESCURRICEROS de greda. Los mejores eran los del Cine y los del Depósito.

 

Los niños de ahora conocéis Internet, el WhatsApp, Facebook, Twitter y lugares lejanos.

Bien está; pero no hay comparación con aquellas regueras de mi infancia.

¡Preguntad a vuestros abuelos!

Ellos os dirán que se dejaban caer por ese tobogán improvisado, de veinte a treinta metros, con su barrillo fino y resbaloso. Lo hacían en cuclillas, apoyados sobre las alpargatas, con mucho tiento y buenas mañas. Porque si cogías velocidad y se te iban los pies hacia adelante, no quedaba más remedio que frenar con el trasero, con el resultado bien

sabido: agarrar una culera que te dejaba el pantalón para tirarlo.

 

Las chiquillas, por su parte, jugaban al “corro de las patatas”, a la “liga” y al “pise”.

 

Cantaban el romance de Mambrú se fue a la guerra y las penas de la pobre viudita del Conde Laurel, que quería casarse y no tenía con quién. Y hacían y deshacían bellas figuras, pasando en fila por los aros que formaban con sus brazos, mientras repetían: “A la flor del romero, romero verde. Si el romero se seca, ya no florece”.

 

Daba gusto verlas, con sus lazos de seda y sus limpios vestiditos de percal, descoloridos por el sol, saltando a la comba en las aceras.

Ellas son vuestras abuelas, y están esta noche con nosotros, siempre tan guapas.

A lo largo del año, vivíamos algunas ocasiones señaladas: las luminarias por San Antón y la Candelaria, el Pelitreo en el Cortijo de Isidoro, la Semana Santa, las Cruces de Mayo (donde se rezaba el Rosario y se cantaban los mayos a la Virgen), el Día del Señor, la Romería de San Cristóbal, las Fiestas de Santo Cristo, la Noche de los Santos (con sus

tostones y fritillas con chocolate) y la Navidad (¡qué recuerdos de los “aguilandos”!).

 

Mis queridos niños:

El gran momento llegaba a mediados de septiembre. Eran los días de las fiestas.

Desde muy temprano, la banda de música de Villanueva de la Fuente recorría todo el pueblo.

 

Tocaba, rodeada de chavales gritadores, la diana floreada y los alegres pasacalles, que abrían el programa de festejos y preparaban los ánimos para todo lo demás: las corridas de toros, las funciones religiosas, los bailes y la pólvora.

Porque, si el Ayuntamiento tenía fondos, se armaba una función de fuegos artificiales bien famosa y bien sonada.

A las chicas les gustaba ver las ruedas y los cohetes con sus lágrimas; pero a nosotros, lo que de verdad nos divertía era el trueno gordo, que hacía temblar hasta los cimientos de las casas.

En los años de mi infancia y adolescencia teníamos una feria de ganado importante.

Desde el día 15 al 17 de septiembre, en la entrada principal al pueblo, desde la carretera nacional y las eras situadas a los dos lados del camino que conduce a la plaza de toros, se situaba la CUERDA, lugar donde permanecían el ganado y los tratantes dispuestos a comprar y vender sus mejores animales.

Era un continuo pasar de cerdos, mulos, burros, caballos y vacas con sus cencerros, que ponían una nota inusual a los restantes días del año; y cuyo desfile era ya, en sí mismo, una fiesta.

A mí me gustaba ir a la cuerda y contemplar cómo se realizaban los tratos de los animales.

Venía gente de los pueblos cercanos, como Bienservida, Riópar, Salobre, Reolid, Villanueva de la Fuente o Génave, por citar algunos de ellos.

En fin, eran otros tiempos.

 

Y llegaban los encierros. Aquello sí que era divertido. Desde las primeras horas de la tarde, te asomabas a ver venir los toros. Venían desde Alcaraz por Matacenillas, comiendo tan tranquilos en los prados y rastrojos.

Hasta que alguien lanzaba el grito que nos ponía nerviosos: ¡ya vienen los toros por Barrancohondo!

Era el toque de aviso, el comienzo de la fiesta, en la que también participaban gentes venidas desde otras localidades.

Por fin, el río humano y la manada de bravos y cabestros se metían por los palos entre sustos, revolcones, palmas y alegría.

Así eran las Fiestas que he venido a pregonar, por deseo de nuestro Alcalde y Corporación Municipal, a quienes quiero agradecer su invitación, tan honrosa para mí, que me ha permitido estar hoy con mis paisanos.

Y pediros a todos, chicos y mayores, que hagamos de estas Fiestas, en honor del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, una ocasión para encontrarnos con los nuestros.

Y para tener presentes, en el amor y en el recuerdo, a los muchos que se fueron.

Villapalacios, mi pueblo, tus calles estrechas, tus cuestas empinadas, tus especiales lugares, tus habitantes, tus tradiciones, tus costumbres, tu paisaje, todas tus cosas.

Todo tú, como dijo el poeta: Conmigo vais… Mi corazón os lleva.

 

Solo me queda desearos que disfrutéis de las verbenas y los cohetes, de los encierros y los toros.

Que rompáis vuestros zapatos a fuerza de bailar.

Que comáis los ricos guisos que os van a preparar vuestras abuelas.

Que recorráis las calles –tan cuidadas por vosotros- llenas de flores, luces y otros adornos, a la hora tempranera de la diana, despertando a los vecinos dando vueltas con la banda de música.

Y que gritéis conmigo:

¡Viva el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz!

¡Viva Villapalacios!

¡Y que vivan para siempre nuestras Fiestas!

Justo Losa Serrano. 13 de septiembre de 2016

 

 


___2015____________________________

ju Pregón realizado por ENRIQUETA BERMÚDEZ LÓPEZ.

"Vecina del pueblo de Villapalacios desde el día  en que nació, "Enri", como popularmente la conocemos, ciertamente no necesitaría presentación, pues es más que conocida por todos nosotros. 
Hija de Claudia López y José Bermúdez, puntillas, forma parte de esa generación de jóvenes que en su momento tomaron la decisión de quedarse en el pueblo para ganarse aquí  la vida, para estar cerca de los suyos, para formar una familia  y para hacer que este pueblo prosperase y saliese adelante, porque sin gente como ella esto no habría  sido posible.
Desde su labor como Auxiliar de Ayuda a Domicilio ha desempeñado una labor necesaria y fundamental en un pueblo como el nuestro, ayudando a muchas personas mayores a poder vivir mejor en su día  a día,  en una tarea donde destaca por su humildad, por su carácter siempre cercano  y agradable y por la sonrisa y energía positiva que tanto la caracteriza y que siempre transmite a todos los que le rodean. 
Comprometida como la que más  con todas las actividades populares y todos los festejos del pueblo, participa activamente en cualquier acto que se la requiera. Miembra ilustre de la peña el Kuvikaje, tiñe de color rojo las calles del pueblo y siempre ha animado todas las fiestas desde antes de que yo tuviese uso de razón.
En definitiva, alguien que sabe lo que es la vida en el pueblo, que sabe disfrutarla y que siempre ha estado con todos nosotros, un fuerte aplauso".
(Texto extraído de la presentación del acto realizada por Alejandro Cuenca Copete).


pregon
Enriqueta Bermúdez López, durante la lectura de su pregón.

 

dd PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2015

"Buenas noches, queridos paisanos.
Creo que ya me conocéis todos. Soy “la Enri”, la hija de la Claudia. Cuando era chica me decían, “Nena, ¿pos tú de quién eres?”, y yo contestaba: “nieta del Suave y de Puntillas”. Esas son mis credenciales, y con esas me conocían “ascape”.
Como buena paloteña que soy, entenderéis que hoy es un día muy especial para mí, un día con sentimientos encontrados de responsabilidad, orgullo y alegría, por lo que representa para mi ser la pregonera de las mejores fiestas del mundo, rodeada de mi familia, de mis amigos y de todos mis paisanos. Pero también, un día en que los recuerdos de personas cercanas que ya no están con nosotros son más intensos.

Y en este día tan especial no puedo olvidarme de mis abuelos y de mi padre José “Puntillas”, que estén donde estén, para ellos estoy segura de que también será un día muy especial. Soy nieta e hija de cortijeros, nacida aquí, en mi pueblo, en mi casa de la calle Currucote.

Como matronas, la Lola de José María y la María Cruz del Trocha, y como médico Juan Montañés, más conocido como Juanillete. Como sabéis, vengo de una familia humilde y trabajadora, que nunca tuvo que emigrar para sacar a su familia adelante. Mis padres se criaron en los cortijos del Rio, y cuando cuentan su vida lo hacen con alegría a pesar de lo duro que era. Cuenta mi madre que bailaba la jota para no tener frio cuando guardaba el ganado, que dormían en las eras al raso, que cuando se iban a segar, para comer hacían unas habas blancas o un caldo ¡madre mía, con qué ganas se lo comían! aunque hacía un calor de mil demonios, o que si llovía, nevaba o hacia frio, se resguardaban en cualquier cueva que encontrasen.

Una vida de trabajo duro, pero feliz. Pasaron los años, se casaron y se bajaron al pueblo para formar una familia y buscar un futuro para ella, aunque eso fuese a costa de dejarse la piel en cada faena que hacían. Mi padre, podador, que no había oliva que se le resistiese. Mi madre, haciendo faena en las casas, que echaba más horas que tenía el día.
Tenían huerta y olivas, y siendo bien pequeñas, nos llevaban a mis hermanas y a mí a la aceituna. Recuerdo que íbamos en el coche del Fran, un Dyane 6, que el abuelo Fran lo llamaba "Palomo Linares", y como montábamos hasta 8 personas, a nosotras, que no abultábamos mucho, nos metían en el maletero. Mi madre calentaba unas piedras y se las liaba en el mandil para calentarnos las manos. ¡Qué ganas teníamos de ser mayores para
poder ponernos guantes!

También, en tiempos de poda, íbamos a quemar ramas, y mi madre, en la lumbre, nos hacía unas tortas de pastor que quitaban el hipo. Mi infancia fue feliz con mis amigos en la escuela, teniendo por maestras a Doña Paquita, Doña Enriqueta y Doña Eva, que además de enseñarnos, nos educaban y nos inculcaban cómo ser buenas personas y cómo valorar y apreciar a la gente. Aun hoy puedo sentirme orgullosa de seguir teniendo a Doña Eva como maestra, y no me queda más que agradecerle cada consejo, cada palabra, cada ánimo y cada abrazo que sigue dándome como cuando era pequeña.

Cuando llegaba el verano, las mayores de mi calle (la Herminia de Soto, la Petra de la Petronila y La Loles del Trocha), como estudiaban en la Universidad, nos daban clases de repaso en sus casas, y luego, por la tarde, nos llevaban de merendeta al Rio Casas.

En aquella época, la calle se llenaba de chiquillos de todas las edades (los de la Trini, de la Sofi, del nene de la Anselma, de Arcadio, de Matías, de Aladino, de Pepe Ángel, y cómo no, las de la Claudia). Jugábamos a la liga, al pise, a la comba, al escondite, al quemao, al toca timbres, a las señales,… y cuando nos peleábamos, que era casi a diario, decíamos “pues ya no te ajunto”, pero al momento otra vez juntos ¡Qué bonito!

Por cierto, que por las noches, cuando los padres se salían al fresco, y para descansar de tanto juego, Marisa, la de Matías, nos subía a los poyetes de las ventanas para que no pudiésemos bajarnos y salir corriendo, porque siempre terminaba contándonos historias de miedo que nos asustaban.

En aquellos maravillosos años, aprendimos a nadar en la alberca del Nene de la Anselma, sin más flotador que una escalera de madera vieja. Éramos las repartidoras oficiales de la leche del Ángel de la Asunción, que nos servía más como juego que como responsabilidad, porque al final siempre se derramaba una parte, y, en un ejercicio de inteligencia infantil, le añadíamos agua para que no se notara, con lo que al final, la Asunción siempre nos reñía.
Y bueno, tantos y tantos recuerdos que estaría aquí hablando hasta que nochevieja caiga en martes y trece.

Y pasaron los años, y llegó la época en la que había que decidir entre estudiar o trabajar. Bendita época en la que ambas opciones existían, porque hoy, las circunstancias impiden estudiar si no tienes dinero y trabajar si no tienes estudios. Por mi parte, elegí trabajar y comencé mi actividad laboral en la Confección. Seguidamente subí un nuevo escalón de la vida, al casarme con Jesús, y tener a mi hijo Kike, de los que me siento muy orgullosa. Ellos
son las personas más importantes de mi vida, y cada día me dan fuerzas para seguir luchando.

Años después, empecé a trabajar en el Consorcio de Servicios Sociales, como auxiliar de ayuda a domicilio, un trabajo precioso que, básicamente consiste en cuidar de nuestros mayores. Con qué pocas palabras se dice todo lo que esto significa. Antes, a los padres cuando se hacían mayores, los cuidaban los hijos o familiares. El mejor rincón de la casa era para ellos. Pero ahora, con el trabajo fuera del pueblo, los hijos se marchan y los padres quieren estar el mayor tiempo posible en sus casas, que con tanto trabajo y esfuerzo consiguieron. De hecho, en el pasado, quien tenía alguna hija decía, “yo ya estoy tranquilo, porque mi hija sé que me va a cuidar”. ¡Qué tiempos! Ahora da igual, porque el
progreso nos ha atropellado y se ha llevado por delante todos aquellos valores de nuestros mayores.

Pues bien, en honor de lo que nuestros padres hicieron, de lo que trabajaron, de lo que sufrieron, de lo que consiguieron, de lo que hicieron progresar nuestra sociedad, de lo que hoy es Villapalacios gracias a ellos, hoy, que ya son abuelos, se merecen todos nuestros cuidados, nuestra admiración, nuestro respeto y nuestro enorme agradecimiento. Precisamente por todo eso surgió el Servicio de Ayuda a Domicilio, con objeto de prevenir y
atender esas situaciones de necesidad tanto de personas mayores como de discapacitados físicos, intelectuales o sensoriales, prestando así el apoyo de carácter doméstico, psicológico y social, facilitando la vida del usuario en su propio domicilio. Ese servicio se vio complementado poco después con los de Teleasistencia, Acompañamiento personal y Comida a Domicilio. Todos ellos vienen a paliar lo que antes decía con respecto a que nuestros mayores prefieren estar en sus casas aun a pesar de sus avanzadas edades.

Y en ese Servicio de Ayuda a Domicilio, como ya he comentado, es donde llevo trabajando 16 años. Cuando empecé a trabajar en él pensaba que se trataría solamente de barrer y fregar la casa. Pero pronto me di cuenta de que no es así. Se trata de mucho más que eso. Las trabajadoras del servicio somos un poquito de todo:
- Podólogas cuando cortamos las uñas o limamos pequeños callos
-
Psicólogas cuando escuchamos las penas, las enfermedades o las pérdidas de familiares, y tratamos de consolar con nuestras palabras o nuestros abrazos
- Enfermeras cuando hacemos pequeñas curas
- Médicas cuando observamos indicios de enfermedades
- Cocineras
- Fisioterapeutas
-Lavanderas
- Asistentes de compras
-Gestoras administrativas
- Entrenadoras personales
- Y todo lo que se nos pueda ocurrir en el día a día con cada persona con la que trabajamos
Puedo aseguraros que a las trabajadoras se nos forma en muchos aspectos, pero nunca se está lo suficientemente preparada para afrontar cada nuevo caso. Cada persona es un mundo, y os puedo asegurar que cada día aprendo algo nuevo de los mayores a los que cuido. Y si bien al empezar con una nueva persona entras con dificultad por no conocer suficientemente al usuario, con el tiempo termina siendo de la familia. El paso de los días y la convivencia hace
que la relación se vaya convirtiendo en algo especial, hasta que terminan por contarte sus historias pasadas, sus vivencias con los hijos o nietos, sus penas y alegrías, sus dolencias… en fin, casi todo.

Tanto es así que, cuando te vas del domicilio y el anciano se queda un poco pachucho y, lo que es peor, solico en su casa, siento tal tristeza que, incluso estando en mi casa, no puedo dejar de pensar en él. Explicaros esto es muy complicado, porque son sentimientos muy profundos que se arraigan en el corazón. Y ya no os cuento cuando para despedirte te dicen “ale hija mía, hasta mañana,… si vivo”.

Ningún curso de formación, ningún título académico, ninguna carrera universitaria te prepara para algo así. Y por mucho que se nos diga que se trata sólo de un trabajo, que cuando termina la hora del servicio te vayas a tu casa a seguir con tu vida, nadie con un poquito de conciencia podría irse tranquilo en una situación así. No trabajo con papeles, ni con microscopios, ni con ordenadores. Trabajo con personas, y desde el momento en que entro en sus casas, soy parte de su vida y ellos lo son de la mía.

Y qué decir de lo que aprendo con ellos. La lección más importante que aprendí desde bien pronto fue a valorar a la gente por lo que es, no por lo que tiene. Aprendí con ellos a ser como ellos son conmigo: agradecidos, tiernos y cariñosos. Aprendí a saber escuchar, aunque cuando me cuentan sus penas, a veces se me haga un nudo en la garganta. Aprendí con ellos que cada día es único en nuestra vida, y que solo de nosotros depende que también sea
inolvidable. Aprendí a respetar.

Me viene a la memoria, hablando del respeto, que cuando a alguno de mis abuelos le digo, “usted esto, o usted lo otro”, algunos me han dicho “hija mía, a mi trátame de tú. De usted sólo cuando sea viejo”. ¡Y alguno de los que me lo ha dicho pasa ya de 90 años! Pero con diferencia, lo que más puedo destacar de mi trabajo es, sin duda, la satisfacción que te queda después de que todos los que yo, cariñosamente, llamo “mis abuelos”, terminan diciéndote frases que te llegan al alma, frases como “ay Enri, si no fuera por ti”, o “ay, hija mía, lo que yo te quiero”, o, simplemente “gracias”. Y no solo frases dichas por “mis abuelos”.

También me llenan de orgullo las palabras de gratitud de sus familiares, que, incluso en los momentos más difíciles se me acercan y me susurran “gracias por todo, Enri”. En todos estos años han sido muchas las historias que me han contado, y muchas las anécdotas que podría contar aquí, aunque me permitiréis que por “secreto profesional” no os
cuente ninguna. También son muchos los nombres de las personas a las que he tenido la suerte de atender en este tiempo, aunque no me atrevo a nombrarlos porque seguro que se me escapa alguno y no me lo podría perdonar. Los que están aquí presentes saben quiénes son. Los que no están en esta plaza, saben desde donde estén, que los llevo en mi corazón.

A todos ellos y a sus familias, en este día tan especial para mí, gracias. Y ya que estamos, aprovecho, cómo no, para dar también las gracias a los que hace unas semanas se acordaron de una persona como yo y le propusieron ser la pregonera de las fiestas de su pueblo. Pepe, Juan, Víctor y Rosa Mari: Gracias por dar voz a tantas y tantas personas que hacemos labores que algunos llaman “menores”, pero que día a día, con nuestro trabajo, ponemos un granito de arena para que nuestro pueblo siga funcionando. Qué sería de Villapalacios sin trabajadores de ayuda a domicilio, sin albañiles, sin panaderos, sin herreros, sin agricultores, sin comerciantes, sin ganaderos, sin cartera, sin hosteleros, sin asistentas de hogar, sin jornaleros, sin pastores y tantos y tantos trabajadores “silenciosos” que con más o menos preparación académica, somos necesarios como el que más para que este pueblo funcione cada día. Gracias, Pepe, por otorgarme el honor de ser hoy la portavoz de todos ellos, de todos vosotros.

Cuando la corporación me dijo que me habían propuesto a mí para dar este pregón, me acordé de aquel discurso de Martin Luther King en el que decía “hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo… tengo un sueño”. Un sueño que en mi caso era presentarme aquí arriba, ante mis paisanos, a recordar que nuestros mayores merecen todo nuestro respeto y nuestra admiración. A recordar que somos muchos los que trabajamos cada día por Villapalacios desde el anonimato. A decirles que se sientan orgullosos de su trabajo, aunque éste no sea cualificado. A decirles que luchen por su propio sueño.

Mi sueño, queridos paisanos, era sentirme valorada y querida haciendo lo que hago y siendo quien soy, y qué mayor muestra de que mi sueño se ha cumplido, que encontrarme hoy aquí ante todos vosotros dando inicio a los actos de nuestras esperadas Fiestas en Honor al Santísimo Cristo de la Vera Cruz.

Otros pregoneros antes que yo han relatado con todo detalle todos los actos de las fiestas, y el sentimiento que su llegada les producía. Para no repetir lo que con tanto acierto dijeron ellos, solo quiero recomendaros que afrontéis estas fiestas como lo hacíamos antes, cuando para el día del Cristo nos compraban ropa nueva y sentíamos el orgullo de ser paloteños. Ese era, desde la mirada de un niño, el día más grande de Villapalacios por ser el único en el que
estrenábamos ropa. Hoy, ya un poco más mayores, sabemos que ese día y las fiestas que lo rodean, son y deben ser nuestro orgullo porque sacan de dentro de cada uno de nosotros nuestra mejor faceta: la de la amistad, el compañerismo, la simpatía y el respeto que cada paloteño llevamos dentro y que es y será nuestra mejor bandera, la bandera que hace grande a nuestro pueblo.

Sintamos pues ese orgullo paloteño jugando unos euros en la taza, bailando en todas las verbenas como si fuera la última de las fiestas, vistiéndonos de mascara para el desfile de carrozas, tirando de nuestra soga el día de la apertura, y, en fin, participando activamente en cada uno de los actos programados. Estemos o no en peña, tenemos la responsabilidad de que estas fiestas sean las mejores fiestas que hayamos conocido, y eso se consigue con la
unidad y la participación de todos los que llevamos un año esperando al día de hoy.

Recordad que puede haber gente sin fiestas, pero no fiestas sin gente. Por mi parte, os puedo asegurar que en cuanto me baje de aquí y me enfunde mi camiseta de la peña del Kuvikaje, seré la primera en aplicar ese mensaje y participaré y colaboraré en todo, hasta que mi cuerpo aguante, que ya tendremos después un año entero para meternos en
nuestra casa a pensar en las siguientes fiestas y en todo el trabajo y los sinsabores cotidianos que nos quedan por delante hasta que lleguen.

Y aunque Rafa, nuestro párroco, ya se encargará de decirlo en la misa del día 14, no nos olvidemos de nuestro paisano más importante, el Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Celebramos nuestras fiestas en honor a él, pero no debemos recordarlo únicamente en este momento. Debemos proponernos cada uno de nosotros tenerlo presente en nuestros
quehaceres cotidianos de todo el año. Él debe ser el faro que ilumine nuestro camino, nuestros actos y nuestras palabras. Sólo así conseguiremos un Villapalacios mejor y más acogedor, y sólo así nos habremos ganado el derecho a celebrar otras fiestas en su honor, y a poder sacarle en procesión a que derrame sus bendiciones sobre nuestro pueblo.

Para terminar, si me lo permitís, me gustaría leer una carta. Una carta escrita por una madre orgullosa a su bien más preciado, su hijo. Una carta que resume el sentimiento que hoy he querido transmitiros de la necesidad de respetar y querer a nuestros mayores. Una carta que todos nuestros mayores llevan en su memoria, aunque nunca se hayan atrevido a escribirla. Una carta que dice así.


Querido hijo: El día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia conmigo. Entiende que la vida es un ciclo y todos volvemos a ser niños.

Si cuando hablo contigo repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste”; solo escúchame, por favor. Cuando quiera comer algo que no deba por mi salud, no me grites. Explícame con cariño, así como yo te explicaba muchas veces el daño que hacían los dulces.

Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y, por favor, no me pongas esos ojos ni esas caras. Recuerda que yo te enseñé a hacer muchas cosas, como comer, vestirte, peinarte, y cómo afrontar la vida. El día que notes que me estoy haciendo vieja, ten paciencia conmigo, y sobre todo, trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para
recordar, y si no puedo, no te pongas nervioso o arrogante. Ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo, que me pidas consejos y me tengas en cuenta.

Y cuando mis cansadas y viejas piernas no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te ofrecí la mía cuando diste tus primeros pasos. Cuando estos días vengan, no te sientas triste, ni me hagas sentir
incompetente. Ayúdame mientras llego al final de mi vida, pero con amor y cariño. Regálame flores ahora que puedo oler su aroma. Dime que me quieres ahora que aun puedo escucharte. Recuérdame tu amor ahora que puedo verte. Aunque no tenga dinero para premiarte con un regalo, yo te lo agradeceré con una gran sonrisa.

Recuerda que tu madre cambió su figura por una barriga, que cambió un delineador de ojos por ojeras. Ella cambió las noches de diversión por constantes trasnoches y su bolso por una bolsa de pañales. A aquella madre no le importó cambiar todo por recibir tu amor a cambio. Y si se te llenan los ojos de lágrimas al leer esto, no te dé pena. Eso
demuestra que tienes un gran corazón.

Tu madre que te quiere.

 

Por último, antes de finalizar y dar por iniciadas las fiestas, quisiera reiterar mi enorme agradecimiento a la Corporación Municipal, encabezada por nuestro alcalde, Pepe. Agradezco también, por supuesto, vuestra presencia y vuestra paciencia, y os pido disculpas si la responsabilidad de presentarme ante vosotros me ha podido en algún momento y los nervios me han traicionado. Haber estado aquí ofreciéndoos este pregón es lo más emocionante que
cualquier persona de Villapalacios puede vivir.

Gracias a todos los que estos días estarán trabajando para que estas fiestas salgan de la mejor manera posible, y a todos los que, de una manera u otra, arrimen el hombro para que así sea.

Y cómo no, gracias a mi madre, a Jesús, a Kike y Lucía, a mi Tío Francho, a mis hermanas y sus maridos, a mis amigos y a esa peña de chavales que están empezando en esto de las fiestas y que se llama Peña del Kuvikaje.

En este momento quedan inauguradas las fiestas de Villapalacios en Honor al Santísimo Cristo de la Vera Cruz

Que tengáis unas muy felices fiestas.
Y ahora, gritad conmigo: ¡Viva el Santísimo Cristo de la Vera Cruz! ¡Viva Villapalacios!



___2014____________________________
ju Pregón realizado por JUAN PEDRO BERMÚDEZ ALGABA. Hijo de Modesta Algaba Martínez y de Juan Pedro Bermúdez Montañés, el Rojo de Brauliete, nació en Villapalacios el 28 de febrero de 1957 en la placeta del Pozo, del Barrio de la Bolea. Parte de su infancia transcurrió allí, donde vivían sus abuelos paternos, Braulio y Candelaria. Más tarde, la familia adquierió una vivienda en la calle del Currucote, colindante con Juan y Petronila, sus abuelos maternos, que será su casa definitiva.

Fue a la escuela en Villapalacios, mientras que el Bachillerato, COU y la carrera de Magisterio los estudió en la ciudad de Albacete. Desde el año 1980, tras aprobar las oposiciones el año anterior, es funcionario del Cuerpo de Maestros, profesión que sigue desempeñando en Elche de la Sierra, localidad en la que reside junto con su familia. Inquieto como pocos, sigue aprendiendo a diario. Entre sus muchas aficiones está el teatro.

 


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Juan Pedro Bermúdez Algaba, mostrando la placa que le concedió el Ayuntamiento tras su pregón. / J. Á. M.


dd PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2014

"Buenas noches a toda la concurrencia.

Como “de bien nacidos es ser agradecidos”, quiero empezar mi intervención agradeciendo la deferencia que la corporación municipal ha tenido al nombrarme pregonero de estas fiestas. Con este gesto habéis hecho por mí mucho más de lo que yo he hecho por Villapalacios.

Y mi agradecimiento también a cuantos tenéis la amabilidad de estar presenciando este acto inaugural de las mismas.

Todos los que ya han pasado por este trance han comenzado diciendo que el honor que supone estar en esta tribuna es inmerecido. Reitero lo que ellos han dicho: tampoco yo me lo merezco más que cualquiera de los aquí reunidos.

Cuando Maribel me llamó para comunicarme la decisión que habían tomado, mi primera reacción fue de sorpresa, por mi designación, seguido de un sentimiento de respeto ante el reto que suponía constituirme en portavoz de paloteños presentes y ausentes a los cuales representamos los que nos hemos atrevido a aceptar la invitación. Y aún sigo con algo de miedo, teniendo en cuenta a la altura a la que se ha colocado el listón de este pregón por parte de cuantos me han precedido.

¿Qué decir?, ¿Cómo decirlo?, ¿Discurso serio o con aire divertido?...

Y mil y una preguntas sin respuesta.

Cuando hablé con mi amiga María sobre el tema en cuestión y dado que ella forma parte ya de los que nos han emocionado desde aquí, me dijo que no me preocupara porque para hacerlo solo era necesario tener cabeza y corazón.

Lo primero resulta evidente. El título de cabezón del pueblo nos lo disputamos entre Pedro el de la Venta, que recientemente ha iniciado una especie de trueque nada más y nada menos que con Contador (ya nos contará como termina) y yo. El asunto está comprobado fehacientemente por los sombreros y gorras que alguna vez nos hemos probado en San Cristóbal.

En cuanto a lo de tener corazón, eso ya es otra cuestión.

El ofrecimiento, sin embargo, ha conseguido dos cosas de forma inmediata:

Una, que hoy esté ineludiblemente aquí.

La otra, paliar, en la medida de lo posible, la mezcla de rabia y tristeza  que me produjo un hecho acontecido ya hace unos años. Al pedir la cuenta en el bar de Chicharro, el chiquillo de Paco se acercó a la barra y le dijo a su padre: “Papa, dime la cuenta de los forasteros”.

Espero que este acto y mis palabras sirvan para hacerme un poco menos forastero a los ojos del hijo de Paco y a los de otros muchos.

Y ahora rebusquemos en el corazón.

Villapalacios ¡qué nombre más bonito para un pueblo! aunque la belleza de mi pueblo no lo es sólo por el nombre, también por otras muchas cosas como:

Por sus gentes:

Gentes que recorren día a día sus calles y sus campos o gentes que,  por una u otra razón, andamos llevando con orgullo el ser de Villapalacios allá donde estamos.

Los paloteños hacemos lo posible y lo imposible para engrandecer nuestro pueblo y algunos llegan a hacerlo de manera literal. Mi amigo Sancho, el hijo de Lolo el de La Venta, se prestó a pasear en coche a una recién llegada al pueblo. Cuando al cabo de un buen rato la visitante en cuestión, un poco mosqueada y con la fundada sospecha de haber pasado por el mismo sitio más de una vez, preguntó si faltaba mucho para llegar, Sancho le contestó: "Es que el pueblo es muy grande".

La visitante en cuestión era Rolindes, mi mujer.

Y por los recuerdos:

Los largos y fríos inviernos con nevadas ahora impensables y que nos impedían hacer el huevo; las trampas para pillar gorriones (pobres gorriones hambrientos y ateridos) que colocábamos encima de esa nieve tapadas con papeles de periódicos viejos y con un trozo de pan duro como reclamo; las escuelas separadas de ñacos y de ñacas; los vasos de leche en polvo del Plan Marshal; la alberca de Gabriel, que se nos antojaba piscina olímpica, y en la que muchos aprendieron a nadar en los calurosos días del verano, yo no lo hice porque le temía demasiado a la zapatilla de mi madre; los saltamontes que cazábamos para los perdigones de Justo y que él nos cambiaba por caramelos de su tienda; los botes llenos de agua sobre los alfeizares de las ventanas y que atados con una cuerda y sujetos en el otro extremo a una piedra colocada en el suelo, constituían una desagradable trampa para quién tropezaba con ellas, sobre todo si el bote no tenía agua sino algo más desagradable; los escurriceros de greda que había en el carril camino de la escuela y que convertíamos en pistas rápidas echando sobre ellos un poco de agua o a falta de ella, meándonos y que de vez en cuando nos dejaban imborrables y temidas manchas de barro en los pantalones; los chambis de Josete cuyo sabor no he podido encontrar en ningún otro lugar; los toques arrebatados de las campanas cuando sonaban a cualquier hora avisando de un fuego y convocando a la gente para apagarlo y las interminables colas que se formaban con un ir y venir de cubos de agua desde cualquier pilón del pueblo hasta el tejado de la casa que ardía; las misas tempranas antes de irnos a coger aceituna y por ser monaguillo, el miedo que pasaba cuando atravesaba la iglesia oscura casi como boca de lobo e iba al campanario, más oscuro aún, para dar los toques; el milagro de los garbanzos de El Torraero, tardé mucho tiempo en descubrir cuál era la rentabilidad de su negocio; los zapatos con las puntas rellenas de algodón; siempre de uno o dos números más grandes para cuando creciéramos; los guantes prestados de la primera comunión...

Y también por los abuelos:

Todos los ñacos y ñacas del mundo deberían tener un pueblo.

Y en ese pueblo, abuelos con burra en la cuadra de la casa.

Esos abuelos que en nuestro tiempo no nos dieron demasiados abrazos porque parece que no estaba bien visto, pero que nos enseñaron a silbar y a distinguir entre lo que era una cereza y una guinda; y nos enseñaron también a no tenerle miedo a la noche en el campo cuando alumbrándonos con la luna,  aprovechando el frescor de  la madrugada, nos íbamos con ellos a regar. Con ellos aprendimos que es muy peligroso subirse a las ramas de una higuera para coger esos higos inalcanzables, porque su madera es muy blanda.

Siendo muy pequeños, cuando llegaba el fin de semana y si el tiempo lo permitía, nos íbamos toda la familia a coger aceituna; mi abuelo Juan se echaba un puñado de anises en el bolsillo, nos llamaba para que nos acercáramos, daba un palo a la oliva, los lanzaba al aire sin que le viéramos; y caían ante nuestros ojos de mirada incrédula e inmensamente abiertos, nuestras manos rollizas los buscaban en el mantón entre las aceitunas abonando así la inocente idea de que las olivas, además de aceitunas, nos daban también aquellas multicolores golosinas.

A Villapalacios lo embellece además sus puestas de sol:

No busquéis en ningún otro sitio puestas de sol como las que se disfrutan desde La Glorieta. Son las más bonitas del mundo. Y no exagero ni un ápice.

Y ¡cómo no!, las fiestas:

Cada vez que llegan estas fechas nos encontramos con familia, amigos, vecinos,  conocidos, visitantes…, pero uno no puede por menos que acordarse de los suyos, sobre todo de los padres, y más si como en  mi caso ya no están.

Espero que el eco de nuestras voces acabe llegándoles de algún modo.

De entre todas las cosas buenas que tienen las fiestas de nuestro pueblo, hay una que sin duda es de las mejores. Es el hecho de que nos alargan un poco más las vacaciones, más allá de su fin cronológico.

Ahora se llaman espectáculos pirotécnicos, pero a mí me gustan más llamarlos castillos de pólvora.

Siempre recuerdo un día trece de septiembre de hace ya muchos, muchos años, que en mi casa como en todas las casas del pueblo, cenábamos con cierta prisa y con justificado nerviosismo, sobre todo los más pequeños, porque esa noche era la noche del castillo de pólvora, la única noche de todos los años de nuestras cortas vidas en las que las explosiones, las luces de colores, los molinillos que escupían fuego, las cañas de los cohetes que caían sobre nuestras cabezas y que luego nos servían para hacer flechas, el olor penetrante a pólvora recién quemada…, nos esperaban en la plaza ¡Ah! y las escobas de los turroneros que no daban abasto a quitar las chispas de las lonas que amenazaban con dejarles sin puesto. No sé por qué razón pero acabé enfadándome con mi madre y cuando llegamos a la plaza para ver, oír, oler, sentir y sufrir todas esas cosas me tapé los oídos, cerré los ojos y me volví de espaldas y a pesar de la insistencia de mi madre me mantuve así hasta que terminaron.

Aún estoy lamentando mi cabezonería.

Desde entonces abro mucho, mucho los ojos cada vez que alzo la mirada persiguiendo la fugaz estela de un cohete.

Y me acuerdo de mi madre.

A modo de despedida, me gustaría terminar con un humilde poema que tuve el atrevimiento de presentar al concurso literario “Palabras por Villapalacios” que el excelentísimo ayuntamiento había  convocado.                       

Poema que a la sazón fue premiado con el primer premio de poesía local.

Para mí ha sido mi premio Cervantes particular.   

Es un poema acróstico y, como tal, tiene su parte visual que he querido recoger en este desplegable:

Veranos de largas siestas
Inviernos con sabañones
Las primaveras preñadas
Los otoños bermellones
Al cerrar los ojos
Pasan lentos,
Arrumados,
Los recuerdos
Al
Compás
Incansable
Os
Sueño

 

Viva Villapalacios, vivan sus gentes y sus fiestas! ¡Viva el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz!".


Juan Pedro Bermúdez Algaba.  Villapalacios, 12 de Septiembre de 2014

 



___2013____________________________

ju Pregón realizado por EVA LORENZO DÓNIZ el 13 de Septiembre de 2013.


"Distinguida Alcaldesa, distinguidos miembros de la Corporación Municipal, Reverendo Párroco, querida familia, amigos, vecinos de Villapalacios y todos los que os encontráis con nosotros:
Quisiera, en primer lugar, agradecer la oportunidad que se me ha brindado de poder dirigirme a vosotros como PREGONERA de las Fiestas en honor al Santísimo Cristo de la Vera Cruz, cuya devoción está fuertemente arraigada en todos nosotros, y digo NOSOTROS porque Villapalacios es mi pueblo adoptivo, aunque siento muchas veces la MORRIÑA de mi querida terriña, donde nací y fui muy querida.
Como muchos sabéis, soy gallega por mi lugar de nacimiento, por mi padre y por mi madre.
Allí viví hasta que quedé huérfana de padre a mis 7 años. Después marché a estudiar a Pinto (Madrid) al Colegio de Huérfanos de Suboficiales del Ejército, regentado por las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos. Con ellas estudié Bachillerato y Magisterio y, sobre todo, aprendí a cumplir con mi DEBER en todos los momentos de mi vida, fuera FÁCIL O DIFÍCIL.
Después de opositar me destinaron, forzosa y para un período de dos años, a la Sierra de Bienservida, lugar lleno de PAZ Y BELLEZA.
Llegué en 1963, con 21 años, ligera de equipaje, cargada de ilusiones y sin temor ninguno, puesto que me apoyaba en dos puntales (como aquí se dice) que nunca me fallaron: la ayuda de Dios y la de mi madre. Con esos apoyos todo lo fui resolviendo, fuera FÁCIL O DIFÍCIL.
Allí encontré:
Una cortijada sin luz y el agua de fuentes o del rio que pasaba por delante de la escuela. DOCE niños en edad escolar, de diferentes sexos y edades y unos padres ansiosos de que sus hijos recibieran formación.
2
Jóvenes que, después de su trabajo en el campo, acudían a la escuela para aprender. Además conviví con unas gentes cargadas de valores que solo daban importancia a lo fundamental y sobrevivían con lo necesario. Alegres en sus trabajos y generosos en su ACOGIDA Y GRATITUD.
Allí ejercí de MAESTRA, CATEQUISTA y, a veces, si la situación lo requería, de ENFERMERA.
Nunca he olvidado aquella PRIMERA EXPERIENCIA, ME ENRIQUECIÓ.
En la Sierra, conocí al que hoy es mi marido.
Después fui al SALOBRE, ¿Qué me encontré?
Una escuela Unitaria de niñas de 6 a 12 años que absorbían como esponjas la enseñanza. Algunas llegaron después a la universidad.
Padres agradecidos por la labor que realizaba con sus hijas.
Jóvenes que quisieron aprender a bordar para hacerse el ajuar.
Pasaba el día FELIZ en la ESCUELA.
Estando en el Salobre, me casé y nació mi hija Mª Eva.
En septiembre de 1971 llegué a VILLAPALACIOS. Aquí nació mi hijo Eduardo y aquí falleció mi madre querida. En Villapalacios encontré a mi familia política que me acogió con cariño y amigos que me brindaron su amistad.
Aquí había una escuela perfectamente organizada y con un alto nivel educativo.
Compañeros dispuestos a ayudarme; ya no trabajaba sola, era todo más fácil.
Conocí a personas llenas de valores forjados en las DIFICULTADES y transmitidos de generación en generación.

Fui pasando por diferentes cursos: Segundo, Cuarto, Sexto, Séptimo, Octavo, y, al final, Infantil. Disfruté mucho enseñando y, con los pequeños, a los que me costó adaptarme, recibí las mejores compensaciones, viendo sus ojos inocentes clavados en mi, llenos de confianza y de afecto.
Esos pequeños fueron el premio a toda mi labor docente.
Aquí estáis hoy muchos de mis alumnos, convertidos en padres y madres de familia, y otros, que lo seréis.
HOY, en la apertura de las Fiestas del Stmo. Cristo y, aprovechando la ocasión que se me brinda, quiero romper una lanza a favor de la EDUCACIÓN, base de todo el desarrollo y de toda la dignidad humana.
LA ESCUELA (así me gusta llamarla) es un edificio que tiene el FUTURO DENTRO.
Pero yo salgo de sus paredes e implico a PADRES, ABUELOS y a toda la SOCIEDAD a no cansarnos nunca de EDUCAR, NUNCA.
En estos tiempos turbulentos nos corresponde el DEBER de inculcar a las futuras generaciones los GRANDES VALORES que poseemos recibidos de nuestros antepasados:
RESPETO A LOS MAYORES.
HONRADEZ.
FIDELIDAD.
LEALTAD EN LA AMISTAD.
GENEROSIDAD PARA AYUDAR Y ACOGER A LOS DEMÁS.
CUMPLIMIENTO DEL DEBER DONDE CORRESPONDA.
REPITO: NO NOS CANSEMOS DE EDUCAR: Por la ignorancia se desciende a la servidumbre. Por la educación se asciende a la LIBERTAD.
LA EDUCACIÓN NOS DIGNIFICA Y NOS HACE LIBRES.
Los niños merecen todo nuestro respeto y nuestro amor.
No solamente los niños pueden faltar al respeto a los mayores, la falta de respeto al niño por parte de los adultos es mucho más grave.
Tenemos que educarlos, si, pero respetándolos.

Los niños son como diamantes en bruto que hay que trabajar y pulir. Son como una línea de puntos suspensivos, sin saber qué encierran en su suspenso: SON PROMESAS.
Quizá de nosotros, REPITO, PADRES, ABUELOS Y SOCIEDAD, dependa que alguno de esos puntos suspensivos se resuelva en magníficas afirmaciones de FIDELIDAD AL DEBER, GENEROSIDAD Y ENTREGA.
¡Cuidemos de nuestros niños! ¡Cuidemos de nuestros jóvenes! Son lo más hermoso que existe sobre la tierra, son nuestro tesoro y son el futuro de nuestro Pueblo y de nuestra Nación.
¡EDUQUEMOS A LOS NIÑOS! ¡EDUQUEMOS A LOS JÓVENES! Y NO SERÁ NECESARIO CASTIGAR A LOS HOMBRES.
Vosotros, que conocéis bien el campo, sabéis que el árbol torcido se puede enderezar cuando es pequeño; a los niños y jóvenes los endereza la EDUCACIÓN.
Igual que en la agricultura ningún trabajo es baldío, en la EDUCACIÓN todo lo que se haga dará su fruto: “SIEMPRE HAY COSECHA”.
En esta noche tan especial y entrañable, en la que compartimos alegría y amistad, unamos nuestras voces y deseos y
- Brindemos por el futuro de nuestros niños y jóvenes.
- Disfrutemos de la compañía de familiares y amigos.
- Y digamos todos juntos:


¡VIVA EL SANTÍSIMO CRISTO DE LA VERA CRUZ!
¡VIVA VILLAPALACIOS!
QUEDAN INAUGURADAS LA FERIA Y FIESTAS DE 2013"

EVA LORENZO DÓNIZ
13 de septiembre de 2013

 

 

 

___2012____________________________
jjjjjjjjj Pregón realizado por JOSÉ ANTONIO ALGABA QUIJANO, nacido hace 35 años, hijo del maestro y abogado José Antonio Algaba Esteban y Manola Quijano, es abogado especializado en Litigación Civil y Mercantil.


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El pregonero de 2012 José Antonio Algaba Quijano


dd PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2012


"Señora Alcaldesa, Sres. Concejales y demás Autoridades, Damas de las  Fiestas, Peñas, Paisanos y Visitantes,
AMIGOS TODOS.

Su majestad, el rey Alfonso XIII, entregó en una ocasión un premio a D. Miguel de Unamuno, literato, filósofo e ilustre catedrático de la Universidad de Salamanca. El viejo y orgulloso maestro, todo un dechado de humildad, se dirigió entonces  al Rey con las siguiente palabras:

“Gracias, Majestad, por el premio que me habéis entregado y que, sin duda, me merezco...”

"¿Cómo?”exclamó el monarca sorprendido, “a los que he entregado este mismo premio en otras ocasiones,
siempre me han dicho que no se lo merecían...”, ante lo que D. Miguel contestó,
“y es cierto Majestad, es que realmente no se lo merecían”...

Yo soy más humilde que D. Miguel de Unamuno, y desde este momento, y con toda sinceridad, os puedo decir que no me considero merecedor de un privilegio tan elevado como es ser pregonero de las fiestas de Villapalacios.
 
Bien poco he hecho todavía en esta vida, aunque en un futuro sí que confío ser útil a mi pueblo de alguna manera... aunque no sé cómo, ni qué haré...

Sí puedo sentirme orgulloso de haber desempeñado mis ocupaciones con una cierta dignidad: mis estudios y luego mi trabajo. Pero este patrimonio mío no tiene más valor que el loable trabajo del médico, o que la sacrificada vida del labrador bregada en los duros y tan a menudo injustos campos nuestros; y tampoco mis quehaceres son más honrosos que la sufrida labor del olivarero, jornales ganados día a día, de sol a sol, tajo a tajo, y todo regado con las gotas
de sudor de su frente.

Todos ellos merecen ser pregoneros tanto o más que yo. Ahora bien, si el Ayuntamiento de tu pueblo te lo pide, ya reúna uno los méritos, o no lo haga; ya se crea, o no, acreedor de tal privilegio; no queda otra posibilidad que dar un SÍ rotundo a tal petición.

Por tanto, sirvan mis primeras palabras de agradecimiento a nuestra alcaldesa Maribel y a toda la corporación local por hacerme partícipe de este privilegio; por haberme entregado las llaves que abren las puertas de nuestras queridas fiestas; las fiestas con las que desde crío he crecido, las que año tras año he disfrutado...mis fiestas. Y, por supuesto, muchas gracias a todos los aquí presentes por vuestra asistencia a este acto.

El privilegio que se me ha brindado es infinito; la alegría inmensa, y mi agradecimiento tan grande como sincero. Insisto, muchas gracias.

¿Qué puedo decir a mi pueblo que no esté dicho ya? ¿Cómo ser original cuándo tan insignes pregoneros me han precedido: Políticos, juristas, sastres de toreros, o incluso ilustres físicos futuros premios Nobel? ¿Cómo igualar la calidad en el discurso de mis predecesores? Nuestra vecina Mariqueta realizó una loable alabanza a las mujeres paloteñas; meritoria fue la llamada de Josevi para que logremos todo aquello que nos propongamos, ya sea construir un pilón ya cualquier otro anhelo; mi primo Emilio dio a sus palabras un toque de humor para disfrute de oriundos del lugar, salvajamones y visitantes; y sonora fue también la invitación a la fiesta protagonizada por Pepe Ángel, turuta en mano. Grandes y sentidas palabras difíciles de igualar.

Corren tiempos duros, no hace falta que os lo diga. Y nuestro pueblo no queda ajeno a esta realidad...El pueblo se queda sin gente, los críos no nacen, el Guadalmena se seca y, por si eso fuera poco, la cosecha de aceituna de este año es desastrosa.

Pero no podemos caer en el pesimismo y en la desesperanza, y por eso quiero dedicar el presente pregón a quienes considero los abanderados de nuestra recuperación, a los que deben ser protagonistas del despertar de Villapalacios:

Los jóvenes, la juventud de nuestro pueblo. El futuro es suyo, ellos tienen que tirar del carro de la sociedad, y son principalmente los jóvenes de Villapalacios los que han de lograr que este pueblo sea mejor día tras día, año tras año; de ellos depende que no caiga en el olvido y se convierta en un vago recuerdo de nuestra infancia que se va consumiendo en el tiempo,... en sus manos está que nuestro pueblo no muera.

Pero para eso deben amar a su pueblo, deben quererlo, y deben pelear duro con él, por él y también para él... trabajando el olivar o la siembra, construyendo casas, emprendiendo negocios, creando riqueza... pero también promoviendo la cultura, participando en los actos públicos, respetando a sus vecinos, trabajando mano a mano con ellos... y, por supuesto, presumiendo de nuestro pueblo allá donde estemos o vayamos, invitando al forastero a que nos visite y pueda disfrutar de las maravillas que le podemos ofrecer, ya sea probar nuestro maravilloso aceite, reírse con nuestro lexicario, comerse unos buenos galianos o, simplemente, disfrutar de nuestra compañía.

Es imprescindible tener una juventud formada e informada; ilustrada y cultivada; tolerante y solidaria; abierta de mente y de espíritu; razonable pero también apasionada; trabajadora e implicada con los problemas de su tiempo;
responsable y respetuosa, pero también alegre y divertida...pues hay que disfrutar y exprimir el jugo de la vida todo lo que se pueda y hasta el final.

Los jóvenes deben viajar, deben perder el miedo a conocer otros lugares, otros pueblos, otras gentes. Ello nos forma, nos enseña...y es útil, pues podremos aprender las cosas buenas que otros hacen y que mejora sus vidas, para luego nosotros aprovecharlo en nuestro bien y en el de nuestro pueblo.

Como no...Aprendamos de nuestros mayores, eternos luchadores y supervivientes de la vida; reconozcamos sus virtudes... y rindámosles honores por tanto que debemos agradecerles. Ellos nos han legado un pueblo tan especial como es el nuestro. Los jóvenes que por los avatares de la vida no estamos aquí durante todo el año no podemos dejar de venir a nuestro pueblo.

Maldito el destino que lleva a una persona a romper con sus raíces; cruel el devenir que provoca la marcha de la patria chica.

Es importante que volvamos siempre y cuando podamos: El motivo es lo de menos, la razón es irrelevante, la inquietud de cada uno es baladí: ya sea para reencontrarnos con la familia, bien para volver a ver a los amigos de toda la vida; disfrutar de un aperitivo en el Bananas o ver los partidos del Madrid en el Chicharro; coger setas en Matacenillas o espárragos en Guadalmena; cazar perdices en el Dehesón o pescar cangrejos en “Royo Sequillo”; tomar el fresco en la Glorieta, merendar en San Cristobal o preparar una buena cuerva en alguno de los cortijos que pueblan el río Casas...

O busquemos el pueblo aunque solo sea porque necesitamos huir de la inhumanidad de la gran ciudad para aquí encontrar la cercanía de nuestros paisanos. Conforme pasa el tiempo y uno va creciendo aprecia con mayor intensidad estos pequeños placeres que nos brinda la vida.

Y, hablando de la juventud, cómo evitar referirme a las peñas de Villapalacios, verdadero motor de las fiestas de un pueblo. Recuerdo que de ñaco eran tres las peñas que destacaban: El chupete, con sus camisetas naranjas, ya desaparecida; y luego estaban el Kuvikaje y el Cinco, todavía presentes las dos y a las que deseo larga vida. Recuerdo
discutir con mi vecino Quique, el nieto de Teodoro, sobre qué peña era entonces la mejor de todas...a mí me gustaba el Cinco, porque ahí estaban todos mis primos y porque me dejaban ir con ellos a los toros con el pañuelo azul amarrado al cuello. Entonces yo era el crío más feliz del mundo.

Mi primera peña propia fue el rastrojo (aunque íbamos todos de verde, como si los rastrojos fueran verdes...); luego llegó la Juerga, con aquellas camisetas rosas tan, tan...bueno, tan rosas...; luego vino la Peña Colada y, finalmente, Me Levanto a las Siete, tal y como nos había bautizado nuestro paisano Lolo, en honor a lo formales que entonces parece que éramos (...nos levantábamos a las siete para estudiar, para ir a misa...). Un saludo para nuestro padrino, y otro para mi querida peña, que se lo merece aunque hoy me hayan dejado solo en el pregón...

Cuando cada año vengo de Valencia, entro por la venta y veo las primeras luces de las fiestas, no puedo evitar pensar en los amigos que ya no estarán con nosotros. No quiero dejar de acordarme, cómo no hacerlo, de nuestros paisanos Juaca, Rafa, Poli, Roberto y Miguel Ángel que recientemente, y todos tan jóvenes, nos han dejado; y antes de ellos de Rafa, de Gregorio, de Antonio el del Pato, de Ciri o de mi primo César.

Éstos son días de alegría, pero también lo son de recuerdo y, por qué no, deben ser días de homenaje a todos
ellos...No solo hoy, y no solo estas fiestas, sino que siempre los tendremos presentes.

Pero no podemos desfallecer, debemos seguir adelante, hay que continuar luchando, por más que la vida se empeñe en ponernos duras zancadillas, en ocasiones las peores. Villapalacios continúa, nosotros aquí estamos, la vida debe seguir y hoy, amigos todos, empezamos nuestra querida feria...

El protagonismo de un pregonero debe ser pasajero, temporalmente limitado; su papel es tan fugaz como efímero. Y, sobre todo, uno no debe ser cansino, máxime cuando es la fiesta la que está esperando que uno termine su discurso...Por tanto, voy concluyendo.

Soy Abogado, y mi función es defender los intereses de mi cliente ante un Juez; pero cuando me enfrento a
un Tribunal no creáis que mi principal aspiración es obtener una sentencia favorable, sino, tan solo, saber estar a la altura de las circunstancias, pelear noblemente, con dignidad. Y esa ha sido mi pretensión y mi esperanza al pronunciar esta noche el pregón de las fiestas de mi pueblo: Ser digno y estar a la altura de tan importante cometido.

Os debo confesar que vosotros, mi pueblo, sois el Tribunal más duro al que jamás me he enfrentado ni nunca creo que me enfrente. En una ocasión me dijo un gran hombre aquí nacido, José Antonio Algaba, mi padre, que ser Abogado era una buena forma de ayudar a los demás...Son bonitas palabras. Y si hay una cosa que echo de menos esta noche es que este hombre no pueda estar viéndome, aquí, subido en esta tarima, inaugurando la feria y fiestas de nuestro pueblo...

Sé que mi madre, aquí presente, está muy orgullosa de mí, y seguro que mi padre también lo estaría.
También le hubiera gustado a mi padre que yo encontrara una buena mujer y que me hubiera casado: “No entres en la Torá como tus primos...” me decía... en fin, sigamos con el pregón...

Paisanos y visitantes, jóvenes y mayores, peñas de nuestro pueblo. Como pregonero que soy, os invito, pido y exhorto,...

-A que comamos, bebamos, cantemos, bailemos y, sobre todo, disfrutemos todo lo que podamos... las fiestas deben ser alegría, son diversión, y así debemos vivirlas todos.

Que olvidemos la crisis, borremos de nuestra mente el paro y los recortes, dejemos de lado hipotecas, primas de riesgo y a nuestra querida Ángela Merkel, al menos durante los próximos tres días.

Que convivamos todos, paisanos de este pueblo, en paz y alegría... olvidémonos de rencillas, disputas y diferencias.

Nuestras fiestas no entienden de partidismo, no distinguen entre derechas e izquierdas... para la fiesta no hay buenos ni malos, no hay ricos ni pobres... Confraternicemos unos con otros como hijos todos de Villapalacios que somos

Acojamos con cariño a los visitantes, consigamos que se sientan parte de esta villa, unos más entre nosotros,... y que cuando cada uno de ellos vuelva a su lugar de origen pueda decir: gran pueblo y mejor gente.

Acordémonos con cariño de nuestros paisanos que por motivos laborales, económicos, enfermedad o simplemente por la lejanía no pueden estas fechas con nosotros.

La distancia no siempre es el olvido, y a buen seguro que estos días todos ellos, paloteños en la diáspora, recordarán con añoranza sus queridas fiestas. Ojalá que el próximo año puedan todos ellos acompañarnos en estos días de alegría.

Y, sobre todo, os deseo a todos que seáis felices, muy felices... y no solo en estos días de feria, sino todos los días del año; y no solo este año sino todos los años de vuestra vida...

Y dicho esto, de acuerdo con las facultadas que nuestro Ilustre Ayuntamiento me ha conferido, no que queda sino declarar y proclamar oficialmente inaugurada la Feria y Fiestas de Villapalacios del año 2012.



VIVA EL SANTÍSIMO CRISTO DE LA VERA CRUZ!!
VIVA VILLAPALACIOS!!



José Antonio Algaba Quijano
Villapalacios, septiembre de 2012

 

___2011____________________________
kkkkkkk Pregón leído durante la inauguración de la Feria y Fiestas de Villapalacios 2011 por MARCIAL POLO RODRÍGUEZ, nacido en Villapalacios hace 45 años. Licenciado en Derecho, ejerce como abogado desde 1993, dirigiendo su propio despacho en Madrid. Especializado en Derecho Penal y Responsabilidad Civil, se ha especializado en la defensa de las víctimas de accidentes y negligencias.

 

pregon2011
El pregonero de las fiestas 2011 durante el acto.


dd PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2011


"Quiero comenzar dando las gracias al Ayuntamiento de Villapalacios, y en especial a su Alcaldesa, Maribel, y a todos los demás concejales, por la oportunidad que me han ofrecido de dirigiros estas palabras. Es para mí un gran honor del que me sentiré siempre orgulloso y recordaré con emoción.

A pesar de las palabras tan amables que me ha dirigido Loli en su presentación, lo cierto es que, cuando recibí la llamada, invitándome a pronunciar el pregón de las fiestas, lo primero que pensé es lo mismo que seguramente estaréis pensando muchos de vosotros: ¿Qué pijo he hecho yo para merecer esto?

Humilde y sinceramente, debo decir que en ese momento, me vino a la cabeza que, a diferencia de aquellos que me han precedido en este cometido en los años anteriores, yo no creo haber hecho ningún mérito especial que me haga ser digno de esta distinción. Sin embargo, con la misma sinceridad, también debo decir que no dudé en aceptar, porque inmediatamente sentí que, para ser pregonero de las fiestas, no hace falta ningún otro mérito especial que no sea sentirse paloteño, y querer a nuestro pueblo, y con mucha honra puedo presumir de que sí cumplo con creces con esos
requisitos.

Y ya que estoy hablando de orgullo de paloteño y de amor a nuestro pueblo, de inmediato me viene a la mente el recuerdo de mi padre, que es la persona de la que aprendí esos sentimientos, y a la que se los debo. Sin duda él, y todos aquellos seres queridos que ya no están con nosotros, pero que también disfrutaron tanto de estas fiestas, de alguna manera están aquí presentes ahora. También quiero mencionar expresamente a nuestros amigos Rafa, Matías, y Pascual, por habernos dejado de forma ten reciente. Todavía los sentimos aquí.

Voy a dedicar el contenido de este pregón a poner de manifiesto la utilidad y la necesidad de celebrar las fiestas.

Vivimos tiempos difíciles. Sufrimos una crisis económica sin precedentes, que nos exige un esfuerzo de austeridad. Desde luego, las circunstancias no son las más favorables para celebraciones. Por si fuera poco, este año, hasta el calendario se ha puesto en contra.

En esta situación, la celebración de las fiestas puede parecer un gasto inútil, un lujo innecesario. Incluso he escuchado comentarios de varias personas que, aparentemente en broma, pero con un verdadero trasfondo de opinión firme en serio, se han mostrado partidarios de que se suprimieran.

Permitidme usar una expresión que, puede no ser elegante ni literariamente adecuada, pero sí que es muy paloteña, y me sirve para transmitir fielmente el sentimiento que se rebeló en mí al oír esos comentarios: Por favor, ¡ no seamos cenizos !

Una cosa en la que podremos estar todos de acuerdo, es que los gastos de las fiestas deban moderarse, adecuándose a los tiempos que corren. Debemos comprenderlo y aceptarlo, e incluso me atrevería a decir que podemos exigirlo. Pero nunca se puede caer en el extremo de renunciar a las fiestas, porque sería lo mismo que renegar de nuestra propia identidad.

Es precisamente en situaciones difíciles, como en la que nos encontramos, cuando más se hace necesario vivir las fiestas con intensidad, sobre todo si alcanzamos a comprender, que lo más importante no son las actividades que puedan resultar más o menos costosas, sino que de lo que se trata, principalmente, es de dejarse llevar por un estado de ánimo que nos permita, al menos durante unos días, que aflore lo mejor de cada uno de nosotros.

Para superar la crisis, o cualquier situación de dificultad, no hay mejores herramientas que la fortaleza de ánimo, la seguridad en nosotros mismos, y la solidaridad entre unos y otros. Participar en las fiestas, viviendo con plenitud todas sus diferentes dimensiones, no sólo es útil, sino que es necesario, pues nos ayudará a contar con esas herramientas.

Vivir las fiestas supone, en primer lugar, dar continuidad a nuestras tradiciones culturales y religiosas: la devoción por el Santísimo Cristo, la apertura de la feria ganadera, los festejos taurinos, la banda de música por las calles, las atracciones para los niños, los puestos de la plaza, las peñas, la verbena, el juego de la taza, los churros de madrugada… son tradiciones y actividades que nos identifican, de las que debemos sentirnos orgullosos. Las hemos aprendido de nuestros padres y debemos transmitirlas a nuestros hijos. Son un tesoro de valor incalculable y no podemos despreciarlo ni desperdiciarlo.

Las fiestas son también, la mejor ocasión para rendir homenaje a nuestros mayores. Nuestros padres, nuestras madres, nuestros abuelos, con su esfuerzo y con su entrega han contribuido al progreso del que disfrutamos. No podemos olvidarnos de ellos en el momento del ocaso de su vida, sino que debemos recordar y reconocer lo que han hecho por el pueblo.

Y desde luego, no podemos privar de las fiestas a los que, sin duda, más disfrutan de ellas: los más pequeños y los más jóvenes. Todos recordaremos la ilusión con la que aguardábamos en nuestra infancia, y en nuestra primera juventud, la llegada de estos días. Cada uno, según la época y la etapa de la vida en la que se encontrara, recordará diferentes vivencias relativas a sus primeras fiestas, pero el denominador común de la ilusión ha sido y será siempre el mismo. Una felicidad plena se podía alcanzar, simplemente por hacerse con una bolsa de almendras garrapiñadas para compartirla con los amigos, o si nos tocaba un muñeco en la tómbola que, por supuesto, valía menos que lo que nos habíamos gastado en comprar las papeletas para el sorteo. Cuando ya pasábamos a ser un poco más mayorcitos, alcanzábamos esa misma felicidad con lo que considerábamos verdaderas hazañas importantes, como romper un palillo con un viejo rifle de plomos, ganando como premio un cigarrillo seco y manoseado que luego intentábamos encender, soplando en vez de aspirar, y que, aunque nos supiera a rayos, daba la satisfacción de sentirse mayor.

Ya puestos a evocar nuestra adolescencia, qué mejores recuerdos que la ilusión con la que, cuando la edad ya nos lo permitía, nos iniciábamos en aquellos primeros bailes que, gracias a las fiestas, siempre se han organizado y deben seguir organizándose, sea de una manera o sea de otra, adecuándose a los tiempos y a las circunstancias, como ha sucedido siempre, desde donde alcanza mi memoria. Las fiestas no se conciben sin música, sin bailes, sin verbenas, ya sea con un conjunto de primera fila, o con el más humilde hombre-orquesta.

Pero, sobre todo, no podemos pasar por alto la actividad, el dinamismo y la energía que la celebración de las fiestas supone para el pueblo: las fiestas contribuyen a mantener vivo Villapalacios, atrayendo a paloteños y a visitantes, o para ser más exactos, reuniendo a tres grupos bien diferenciados de personas:

Primero están los del pueblo, es decir, los que son del pueblo y viven en el pueblo.

Después, como muy bien explica nuestro amigo Emilio Quijano en su Lexicario Paloteño, estamos los salvajamones, o sea, los que procedemos de Villapalacios, pero vivimos fuera.

Finalmente están los forasteros, es decir, los que a la pregunta de si ¿eres de aquí o has venido a las fiestas?, tienen que responder con la úlltima de las opciones.

Por supuesto que las fiestas son y deben ser, para los que viven en el pueblo, pero esa afirmación no puede interpretarse, ni mucho menos, en contra de los visitantes, sean del tipo que sean. Precisamente, lo más característico de las Fiestas de Villapalacios, ha sido siempre, esa mágica explosión que se produce, de la hospitalidad que caracteriza a este pueblo. Los paloteños, año tras año, abren las puertas de sus casas y de sus corazones:

En primer lugar, para permitirnos a los “salvajamones” que volvamos a nuestras raíces y nos sintamos orgullosos de ellas, y en segundo lugar, para que unos y otros, todos los que en mayor o menor medida somos de Villapalacios, acojamos, a su vez, a los forasteros que vienen a las fiestas, haciendo que su visita a nuestra tierra les resulte inolvidable.

Por lo tanto, no hay ninguna duda:

LAS FIESTAS SON ÚTILES, LAS FIESTAS SON NECESARIAS.

Quero animar a todos los presentes, a participar y disfrutar de las fiestas, y a vivirlas en todas sus dimensiones.
¡VIVAN LAS FIESTAS!
¡VIVA VILLAPALACIOS!

Villapalacios, 13 de septiembre de 2011.

 

 

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ddddddddd Pregón leído durante la inauguración de la Feria y Fiestas de Villapalacios 2010 por JAVIER RESTA LÓPEZ, Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Valencia, Doctor en Ciencias Físicas por el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN) de Ginebra (Suiza) y por la Universidad de Valencia. Actualmente, Investigador de física de aceleradores de partículas en la Universidad de Oxford (Reino Unido). También es colaborador en proyectos de investigación del CERN y del Centro Nacional de Física de Altas Energías de Japón, miembro de la Sociedad Alemana de Física y miembro del Instituto de Física del Reino Unido.


pregon2010
El pregonero de las fiestas 2010 durante el acto.

 

dd PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2010


Sra. alcaldesa, distinguidos miembros de la corporación municipal, queridos paisanos y amigos:
Quisiera en primer lugar agradeceros a todos la nueva oportunidad que me brindáis de poder dirigirme a vosotros como pregonero de las Fiestas en Honor al Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Es para mi un inmenso honor cumplir esta tarea. Un honor que se acentúa al tratarse de las fiestas de mi pueblo natal y del pueblo de mis padres y abuelos. Quisiera haceros partícipes de la gran alegría que me embarga en estos momentos.

Hace exactamente once años tuve ya el privilegio de hacer mi primer pregón de fiestas desde esta misma tarima. Entonces, me dediqué a expresar mis mejores deseos para el futuro de esta villa. Hoy, sin embargo, miraré un poco más hacia el pasado, y lo haré recurriendo a la única máquina del tiempo existente en nuestros días: la memoria. Una memoria en la que brotan multitud de recuerdos al reencontrarnos con los paisajes de nuestro pueblo. Como dice el escritor leonés Julio LLamazares en su novela El río del olvido “El paisaje es memoria. Más allá de sus límites, el paisaje sostiene las huellas del pasado, reconstruye recuerdos, proyecta en la mirada las sombras de otro tiempo que sólo existe ya como reflejo de sí mismo en la memoria del viajero o del que, simplemente, sigue fiel a ese paisaje.”

De igual forma, muchos de los que volvemos a nuestro pueblo natal seguimos fieles a ese paisaje, que nos transporta hacia un periodo querido de nuestras vidas y hace aflorar la nostalgia. Revivimos así capítulos de nuestra infancia y muchas vivencias entrañables en compañía de familiares y amigos. Como dice una canción (del compositor Efraín Orozco): “De regreso a mi tierra volví a mis lares, cabalgando a lomo de mis lejanos recuerdos, y al volver otra vez, en mi mente quedó grabado el paisaje azul de la edad primera…”

Mi primer recuerdo de la Feria de Villapalacios está asociado a mi abuelo Tomás. Él fue quien me enseñó con su entusiasmo característico a amar profundamente la Feria. Recuerdo, a edad muy temprana, andar agarrado de su mano durante la apertura de la Feria, yendo por el carril de camino a las eras. La banda de música, como de costumbre en este acto, amenizaba la marcha a ritmo de pasodoble. Un aire festivo lo envolvía todo entre risas y jolgorio.

Me acuerdo de la fascinación que causaba en mí el colorido del alumbrado de las calles y, sobre todo, el ambiente festivo concentrado en la plaza, con una mezcla de sonidos, luces y olores típicos que contagiaban de entusiasmo la mente de un infante que, por primera vez, descubría el tapiz colorido de la Feria de su pueblo. Mi abuelo Tomás fue mi maestro en los pormenores de la Feria. Me explicaba el sencillo, pero a la vez original, funcionamiento del juego de la taza. Me paseaba por las distintas casetas y puestos distribuidos por la plaza para que viera la variedad de dulces y juguetes, y respondía con mucha paciencia, y sobre todo imaginación, a cada una de mis preguntas. Siempre me decía: “para Santo Cristo te voy a comprar una espada” y aquello me sonaba a algo tan exótico como a espada de “Sandokan”. Uno destrozaba esas espadas de plástico en dos días y tocaba entonces esperar un año más al siguiente “Santo Cristo”. Hay unos versos de Antonio Machado que cada vez que los leo me traen recuerdos de aquellas primeras ferias de mi niñez:

“Yo conocí, siendo niño,
La alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.”

Después, el tiempo sigue su curso inexorable y crecemos, y aquellas estampas de la infancia que nos fascinaban pierden su magia. Sin embargo, se acrecenta la ilusión por el reencuentro con las personas queridas y los amigos, y la Feria se convierte en un gran foro de encuentro, donde todo el mundo es bienvenido. Porque, con toda certeza, me atrevo a afirmar que si hay algo que caracteriza verdaderamente a Villapalacios es la calidad humana de sus gentes, que hacen gala de una hospitalidad abierta y generosa. Así es fácil que el forastero disfrute tanto como el local estos días de fiestas, y siempre se vaya con la intención de volver.

Pero no hay reencuentro sin previa partida. Y llegó un día en que muchos de nosotros, no sin gran pesar, por razones laborales o de estudio tuvimos que partir de nuestro querido pueblo. En mi caso, mi afición por la ciencia me llevó a alejarme hacia otras tierras para dedicarme al estudio de la estructura de la materia y del universo. Esta afición por el estudio del universo se la debo al pueblo y al entorno en el que crecí. Es en la Bolea donde comencé a apreciar los magníficos y claros cielos estrellados en las noches de verano. Eso ha marcado prácticamente mi trayectoria posterior, y lo que comenzó como simple curiosidad o juego se ha convertido en mi forma de vida.

Cuando uno vuelve, hilvanando retazos del pasado, deja volar la imaginación y trata de reconstruir lo que hubiera sido su vida si hubiera permanecido en el pueblo. En el fondo, uno sabe que nada permanece estático y todo cambia. Quizás, lo único perdurable son las verdaderas amistades, que ni la distancia logra erosionar. Quizás, la única certeza es el sentimiento de pertenecer, como mis antepasados, a esta comunidad. Un sentimiento de arraigo que nadie nos puede arrebatar y nos acompaña allá donde vamos.

A modo anecdótico, contaré que cuando en el extranjero algún compañero de trabajo me pregunta de dónde soy, sin disimulado orgullo siempre digo primero de Villapalacios. Entonces, ponen cara de circunstancia, pues no saben localizar nuestra villa en el mapa. Me vuelven a preguntar: Dónde está eso? Y les aclaro en Albacete, región de Castilla-La Mancha. Algunos de ellos se dan por satisfechos con esta contestación, pero otros aún siguen confusos. Cuando les aclaras que es la tierra de Don Quijote, Don Quixote como lo llaman en muchos otros países, un brillo aparece en sus ojos y, entonces todos asocian inmediatamente la Mancha con Don Quijote. Uno se da cuenta lo conocido que es el Caballero de la Triste Figura en el extranjero. Me ha sorprendido sobre todo lo conocido que es en Japón. A fecha de hoy, Don Quijote sigue siendo el mejor embajador de Castilla-La Mancha. Bueno, quizás, ahora también Andrés Iniesta tras el golazo que encumbró a la Roja este verano.

Ese pueblo que en el extranjero poca gente sabe localizar en el mapa, uno lo lleva grabado en el corazón. Os puedo asegurar que, pese a la lejanía por razones laborales, siempre tengo muy presente a mi pueblo. Mi pensamiento se desvía muchas veces hacia esta tierra donde crecí rodeado de multitud de amigos, de los cuales a ninguno mencionaré, porque si me dejo alguno ya la hemos liao… Desde aquí, lo que si me voy a permitir la libertad de hacer es agradeceros vuestra amistad y afecto, algo que os puedo asegurar es recíproco.

Uno vuelve y, aunque cree saberlo todo sobre el pueblo, se va con la sensación de haber aprendido algo nuevo, de haber colmado parte de sus anhelos en compañía de familiares y amigos. Al fin y al cabo: “Los caminos más desconocidos son los que tenemos más cerca del corazón.”

En esta noche tan especial, en la que comienzan las fiestas patronales de nuestro pueblo, noche de encuentro, noche de alegría,
- brindemos por el porvenir de esta villa,
- dejemos de lado las fatigas y las cuitas de la vida cotidiana por unos días,
- y disfrutemos de la compañía alegre de amigos y familia.

Sin más que añadir, con gran sinceridad os deseo a todos unas

FELICES FIESTAS PATRONALES DE VILLAPALACIOS 2010, ¡VIVA VILLAPALACIOS!

Javier Resta López

Villapalacios a 10 de Septiembre de 2010

 

 

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ddddd Pregón leído durante la inauguración de la Feria y Fiestas de Villapalacios 2009 por JOSÉ ÁNGEL MUÑOZ GARRIDO (Villapalacios, 1964), licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de Educación a Distancia en el año 1.987 y abogado en ejercicio desde 1.988.

2009
El pregonero de las fiestas 2009 durante el acto.

 

dd PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2009

"Sra. Alcaldesa, miembros de la Corporación Municipal, vecinos, paisanos, y amigos todos, es para mi un honor saludaros y dirigirme a vosotros esta noche.

Desde que a finales de mes de agosto recibí una llamada telefónica de Ángel invitándome a ser pregonero de estas fiestas, en un primer momento no supe que contestar, pero tras el primer
impacto no pude menos que aceptar la proposición que me hizo.

Al principio me costaba hasta conciliar el sueño, pues lo cierto es que me llegaron a entrar auténticas “aburriciones” pero, después de madurar el encargo recibido, llegué a la conclusión de que para mi era, además de un honor, un gran reto y, los que me conocéis, sabéis que nunca he dado la espalada a los retos, y mucho menos a un reto como el poder dirigirme a mis paisanos y amigos, que por serlo, seguro que me escucharán con benevolencia y sabrán disculpar las incorrecciones u omisiones que pueda tener.

Estar a la altura de cuantos me han precedido en esta misión será difícil, pues ha habido pregones realmente brillantes, pero yo intentaré hablaros de cosas y de recuerdos que seguro que muchos compartís conmigo y será grato recordar.

Y he dicho que para mi es un reto, casi el más importante de mi vida, porque todos los aquí presentes me conocéis y, dada mi profesión, sabéis que he tenido que intervenir ante Juzgados y Tribunales de toda índole, incluido el Tribunal Supremo, con todo el respeto que ellos merecen. Pues bien, para mi, hoy no existe Tribunal más importante ni más supremo que mi propio pueblo.

A la hora de realizar este pregón, fueron muchas que las ideas que se me vinieron a la cabeza, pero como casi siempre, al final, la primera idea es la que vale, y por eso quiero hablaros, pura y llanamente, de mi pueblo, y lo que significa Villapalacios en alguien que un 18 de septiembre de 1.978, hace ya 31 años, tuvo que montarse en el camión de su padre nada más acabar las fiestas y trasladarse a vivir a Albacete para empezar los estudios y una vida distinta.

Por ello, quiero hablaros de Villapalacios, de lo que significa este pueblo para mí como origen y destino de un Camino, y os hablo de un Camino por la trascendencia que esta palabra tiene
para mí.

Mi abuelo Claudio, Bolsos para todos, de pequeño me recitaba esta poesía:

Pasajero que vienes pasando
por esa senda de la humana vida,
mira que es venta el Mundo.
No te pida que estés más de lo justo descansando.
Al llegar a una Cruz, ella te adiestre,
y te diga por que mano has de echar.
Si por bien es, no pises con deleite el verde prado,
que es camino derecho a la muerte.
Y es fuerza que, si lo sigues, te pierdes.
Y, tras perderte, llegarás cansado.

Como veis, esta poesía habla del camino a recorrer y de la Cruz. Para mí, Villapalacios es el origen y destino de mi Camino y la Cruz el Santísimo Cristo que veneramos todos en estas
Fiestas Patronales.

Seguro que muchos de los aquí presentes habéis leído el libro de Miguel Delibes titulado El Camino. Cuando yo leí este libro contaba con 16 años, y no podía creer lo que estaba leyendo, parecía una fotografía de mi propia experiencia en Villapalacios, cuando el protagonista, la noche antes de viajar hacia la capital para iniciar sus estudios, repasa, con lágrimas en los ojos, sus vivencias en su pueblo, a las que se aferra, no queriendo abandonarlo, y no entendiendo el porqué debía alejarse de su familia, de sus amigos y sus paisanos, en definitiva, de su pueblo.

Pues bien, un 17 de septiembre de 1.978, mi padre me llamó para que me fuera a acostar temprano, porque la día siguiente había que madrugar para irse a Albacete, ya que esa misma mañana empezaban las clases en el Instituto.

Obviamente, no pegué ojo en toda la noche, recordando muchas de las vivencias que durante 14 años había tenido en mi pueblo. Ahora que soy padre, no dejaré de agradecer el gran esfuerzo que supuso para mis padres el abandonar su pueblo, su familia e iniciar una vida nueva, y me imagino las noches que ellos pasarían sin dormir.

Esas vivencias se iniciaron hace 45 años, cuando nací en la habitación contigua a un bar, el Bar del Bolsos, con todo lo que ello significa. Como es lógico, no puedo recordar los primeros años, pero muchos de los que estáis aquí presentes, que erais amigos de mis padres y ahora lo sois míos, os habéis encargados de contármelo, como Arturo y Esperanza, Pepe Ángel y Mari Cruz, Eduardo, Luis, Antonio, Félix y cuantos otros que ruego me disculpéis no citar por no alargar en exceso este pregón. Y siempre me comentan la anécdota de que un día, que había baile y mis padres tenían que atender al Bar, yo estaba durmiendo en la cuna en la habitación de al lado y ante el escándalo, me desperté llorando y, como estaban acostumbrados, y para que ya empezara a acostumbrarme yo al jolgorio y a la fiesta, me sacaban, entreteniéndome y participando de la fiesta, y en una ocasión y dado que los pañales no eran dodotis como los de ahora, en uno de ellos dejé algo más que una huella.

Como os he dicho, si hay una palabra de gran significado para mí es el Camino, pero no como una senda polvorienta por donde uno transita, sino el Camino entendido como la huella que ha ido dejando cada una de las personas que se han cruzado conmigo a lo largo de la vida. Y así, como el protagonista de la novela que antes os decía, es inevitable recordar mí paso por la Escuela de este pueblo, recordando a todos y cada uno de mis maestros: Doña Sagrario, Don Sixto, Doña. Eva, Don Eduardo, Doña Enriqueta y Don Federico. Y digo maestros y no profesores con toda la intención, porque ellos, cada uno en su parcela y su momento, y con sus buenos consejos y sus enseñanzas, ayudaron a mis padres a forjar lo que ahora soy, y no les quito el Don porque, para mí, siempre serán personas respetables y a las que tengo en gran consideración.

El camino que me deja este pueblo como huella es la solidaridad de su gente, solidaridad que ya se hacía ver desde los primeros instantes cuando en el Bar de mis padres se reunía la Sociedad de Cazadores, que entonces explotaba “Gualmena”, y que antes del alba ya estaban en Los Pizorros, y yo con ellos, aunque que no era más que un crío; unos en los puestos y otros ojeando, y al siguiente ojeo, se cambiaba, para que todos pudieran participar en la caza, y cuando se llegaba a un límite, se paraba, y hasta el año siguiente. Y asimismo, cuando la caza empezó a desorbitarse y se empezó a cazar en el Dehesón, no puedo olvidar cuando, los domingos por la tarde, después de estar todo el día subiendo y bajado cuestas, íbamos al Bar, y con parte de lo que se había cazado, preparábamos una liebre, un conejo, y a los chiquillos que íbamos, se nos hacía un poquito de cuerva y el aperitivo era cebolla con sal. Y para nosotros era mejor manjar que cualquier delicatessen de las ahora se estilan. Y, todo ello, escuchando de los mayores las historias del día que contaban José Antonio Algaba, D. Eduardo, Mariano, Aladino, Pedro Manuel, Vidal, Toñico, Alfonso, y muchos otros.

Aquí también quiero recordar como las Fiestas, y especialmente los toros, las preparaba la propia gente del pueblo, los que llamaban La Sociedad, que varios meses antes ya empezaban a moverse para ir a contratar los toros, y es inevitable recordar aquí a Silvino Resta y a Julián López como personas entendidas en la materia. Y luego, todos participaban en algún apartado de la Fiesta, bien fuera de portero, vendiendo entradas, yendo a por las vaquillas, o en lo que fuera preciso, pero el colofón era, al pasar las fiestas, cuando se hacía la gira y nos íbamos al Cortijo de Isidoro a hacer unos galianos y pasábamos un gran día de campo.

Todos recordareis que, dentro de sus limitaciones, este pueblo también ha tenido su Industria, y una de las primera fue las Gaseosas Bolsos, de las que me consta que mas de uno guarda recuerdos y conserva alguna botella de aquellas gaseosas que hacia mi padre con tanto sacrifico y esmero, y a la que contribuían siempre que podían, cuando venían de Madrid, Mariví, Luisa y María, y como no, por ser vecinas, también contribuían La Mariqueta y su hermana Mila, que se iban con mi madre a ayudarle a fregar las botellas que al día siguiente distribuía mi padre por los bares y pueblos de alrededor.

También quiero recordar cuando la mayoría de las personas mayores que estáis escuchándome, encargaban el pienso o la harinilla para engordar los gorrinos, y yo era el encargado de repartirlo con el carretillo por las casas de pueblo. Y como las sacas pesaban 60 kilos, y no podía con ellas, mis amigos, la mayoría quintos míos, como Tito o Los Melgos, Ángel y Joaquín, me ayudaban a subirlas, en algunos casos, a las cámaras, y la propina era algún
rosco o algún caramelo, porque no había más, pero que se agradecía enormemente.

Esa convivencia la recuerdo también cuando se hacían los canastos y prácticamente todas la mujeres, por contribuir al sustento de sus familias, se dejaban la piel de sus dedos haciendo canastos que tenían que llevar a fábrica vieja, y después, cuando aquello desapareció, haciendo ganchillo, que recogía la Hermana Mercedes de Cipria.

Asimismo, este pueblo también es camino de integración, cosa que he podido corroborar posteriormente, porque en este pueblo nadie se ha sentido, ni se puede sentir extraño, y basta como anécdota lo que me dice, siempre que me ve, José el Gitano, que dice que es hermano de mi padre porque se llama, como él, José Muñoz, y he dicho que lo he podido comprobar, ya que por las circunstancias han venido gente de otros países y otras culturas radicalmente distintas a la nuestra, y se les ha acogido con los brazos abiertos y sin ningún tipo de problema. Recuerdo espacialmente de que la primera persona de raza negra que vino a Villapalacios fue a recalar en el bar de Bolsos en compañía de los hijos de la Fé del Secretario.

Como no recordar en esta noche las vivencias pasadas con mis amigos cuando era un niño. Cuando jugábamos a algunas cosas que ahora lamentablemente se desconocen, como el apio, el cangrejo, la cirigalba, las chapas o tiraeras, a las bolas, y demás. Y a otros que, tal y como están ahora las leyes, hoy estarían radicalmente prohibidos, como la guerras de piedras entre los barrios, de la que más de uno, entre los que me incluyo, guardamos algún recuerdo en nuestras cabezas.

Es imposible olvidar las tardes enteras jugando al fútbol en las eras de Sise o la Antonio y después, cuando ya éramos zagales y conseguimos formar un equipo, esas tardes de verano yendo a los pueblos a jugar representando al equipo de mi pueblo, especialmente recuerdo los partidos en Albaladejo, donde nos hacían de todo y, a pesar de ello, siempre dábamos la cara.

Recuerdo especialmente la técnica de Eustaquio, la fuerza de Lora y Angelito, el saber estár de Roge, como la habilidad de Sancho por la banda izquierda, y la del Peque por la derecha, el delantero centro Roberto, el trabajo en el centro del campo de mi gran amigo Rafa, el saber estar bajo los palos de Ángel Luis o Gregorito y el pundonor en el lateral de mi gran amigo Jesual y de muchos otros que fueron pasando por el equipo durante años, y especialmente quiero mencionar, tomándome una licencia, al equipo “Mahou”, con el que durante varios años consecutivos ganamos el campeonato de fulbito, a pesar de la entidad de los rivales, y de que éramos, con diferencia, los más pequeños.

Y si alguien sabía de Caminos, ése era mi padre, Tomás o Bolsos, como queráis, que con su camión recorrió prácticamente toda España, pero siempre con la idea de volver a su pueblo, que nunca abandonó de forma definitiva, y no solo él, sino aquellos que le apoyaron en su idea de andar de una lado para otro como Matías, Cipria, Valentín o Eladio, y a su vez, mi padre apoyó en esa idea a otros, como a su gran amigo Cirilo, que después siguió sus pasos.

Después de ello, y dentro de la senda que te marca el camino, uno ha de tomar algunas decisiones trascendentes en la vida, y antes ya he mencionado a mis maestros, pues bien, si hay dos personas en este pueblo que me han marcado, además de mis padres, son Francisco Resta y mi gran amigo Rafa. Francisco porque me hablaba como un padre, y estando ya matriculado en la Facultad en Historia de Murcia, cuando vine al pueblo y se lo dije, me subió al primer piso de su casa y habló conmigo como pocas personas lo han hecho, y de allí salí convencido de que tenía que dedicarme al Derecho. Y que decir que mi gran amigo Rafa, cuantas noches sin dormir, de paseos por el carril hasta el pilar de la venta, haciendo planes, con la seguridad de que podíamos cambiar el Mundo. Rafa, allí donde estés, ten por seguro que algo habremos contribuido a cambiar.

Camino es el que recorréis gran parte de los que estáis aquí, que por unas razones u otras, como yo hice hace 31 años, tuvisteis que abandonar Villapalacios, y estáis deseando que llegue Septiembre para poder venir a las fiestas de vuestro pueblo, pero no puedo olvidar cuando veía el camión de Matías o el de mi padre cargando muebles para llevarlos a Barcelona, Valencia, Madrid, Alicante o cualquier otro sitio, ni las caras de vuestros padres con lágrimas en los ojos, resignándose a la separación, y tampoco cómo esta resignación se convertía en alegría cuando llegaban las Fiestas del pueblo y os veían aparecer de nuevo, y entonces las lágrimas ya no eran de tristeza, sino de alegría.

Como ya os he dicho, y casi todos sabéis, para mi, la palabra Camino tiene gran importancia en mi vida, ya que desde el año 1999 inicié por primera vez el Camino de Santiago y, desde entonces, no ha pasado año en que haya ido una o dos ocasiones porque, a veces, llega un momento en que conviene desaparecer por unos días y dedicarse a caminar y a pensar.

Pues bien, dentro de los lugares y gentes que he conocido a lo largo de los diferentes Caminos, desde Francia a Santiago, ninguno se puede comparar con los pasajes y lugares de Villapalacios, ni con sus gentes, ni con mis paisanos. Cuando he cruzado los Pirineos andando, al pasar el por Alto de Ibañeta, no podría dejar de recordar el “Dehesón” y el “Hueco”; cuando uno baja y ya recorre, a partir de Pamplona, pasa La Rioja y a partir de ahí empieza a ver esas llanuras de cereales en Burgos, tierra de campos, se me viene a la imaginación Matacenillas, Matallana o los Encinares; cuando ya me acerco al Páramo Leonés, evoco la Fuente del Espino y el Alto del Dehesa. Y después de dejar atrás Astorga y la Maragatería y entro en el Bierzo, por cierto, la zona que más me gusta, es como si desde el alto de La Buda empezaras a bajar hacia el “Hoyón” y, que curioso, se entra en el lugar para mí mas entrañable de Villapalacios, que es el “Hoyón” y Guadalmena; y cuando uno deja el Bierzo y se llega la Aldea del El Cebreiro, las vistas son espectaculares. Pues bien, no se pueden igualar, y os los digo de verdad, con la vista que hay desde el alto de La Buda hacía el Pueblo, que siempre que puedo, cuando vengo, aprovecho para subir y quedarme unos minutos divisando este espectáculo de la naturaleza del que podemos disfrutar los que somos de aquí.

Para finalizar, es obvio que estas Fiestas se celebran en honor a de Santísimo Cristo de la Veracruz, y lo que ello significa para los que somos de Villapalacios. Este verano he visitado el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde, según la tradición, se conserva el mayor trozo de la Cruz en la que se crucificó a Jesús, y cuando se nos ofrecía besar la cruz, no podéis imaginaros la emoción del momento, y cuando finalmente lo besé, la primera imagen que se me vino a la cabeza fue la del Santísimo Cristo de La Vera Cruz de mi pueblo. Y como decía el Sacerdote que no dio una explicación, se podrá creer o no, pero siempre se ha de respetar al que con devoción quiera adorar ese signo de la Cristiandad que representa la Cruz. Por eso, os pido a todos que respetemos las Fiestas de Villapalacios, porque podemos divertirnos todos, niños, adolescentes, jóvenes y mayores, con la algarabía que sea necesaria, pero siempre respetando a los demás.

Por último, como ya sabéis la mayoría, excepto un año que por razones de trabajo no pude venir, todos los años he asistido a la procesión del Santísimo Cristo, por que me considero uno más de vosotros, y como así se considera toda mi familia, porque lo son mi madre Carmen y mis hermanas, Ana y Susana; mis cuñados Miguel y Rufo que, aunque no nacidos aquí, se identifican con este pueblo; mis sobrinos Miguel y Carmen, y especialmente mi esposa Toñi, que profesionalmente mantiene incluso más relación con la gente de Villapalacios que yo mismo, mi hija Inmaculada, que cuando le preguntas donde quiere ir, siempre dice que al pueblo, y mi hijo José Ángel, que cuando algunos que no le conocían le han preguntado de quien era, siempre ha dicho que de Bolsetes.

Por ello y por fin, y ya sin mas dilación, y dando una vez más las gracias a nuestra Alcaldesa Maribel, que empiecen las Fiestas de Villapalacios 2.009.

¡Viva Villapalacios!
¡Viva el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz!".

 

José Ángel Muñoz Garrido, Villapalacios, 2009

 

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4 Pregón leído durante la inauguración de la Feria y Fiestas de Villapalacios 2008 por JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS BERMÚDEZ, que se han desarrollado entre los días 11 al 15 de septiembre.

¡MUCHAS GRACIAS! a todos los que habéis ayudado con vuestro apoyo a su realización, a todos los que lo escucharon y a los que se acercaron a felicitarme tras su lectura.

Fue una noche muy especial que nunca olvidaré.

 

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Un momento de la lectura del pregón y tras la entrega de una placa conmemorativa con Maria Isabel Serrano Prada, alcaldesa de Villapalacios (Foto Flores)

 

3 PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2008

"Señora alcaldesa, señoras y señores regidores, villapalacenses todos. Es para mi un gran honor ser el pregonero de las fiestas de Villapalacios en este año de 2008, por lo que doy las gracias a la corporación municipal el haber depositado su confianza en mi, y a todos los que estáis aquí gracias por escucharme.

Cuando me propusieron pronunciar el pregón con el que tradicionalmente comienzan estas fiestas anuales, lo que más me preocupó fue pensar si estaría a la altura de las circunstancias y cuál sería el hilo conductor de mi intervención. En la década de los ochenta, durante mi época de estudiante universitario, descubrí el pasado centenario de este pueblo. Un tema que desde entonces me ha apasionado y al cual he dedicado muchas horas de estudio y de trabajo. Es por esto, por lo que decidí que mis palabras estarían relacionadas con la historia de Villapalacios y con algunos de los hechos protagonizados por las personas que aquí han vivido.

En Villapalacios, como a simple vista se podría pensar, no hay palacios, y si los hubo no se han conservado. Hubo un castillo, pero en su lugar hoy  existe un espléndido mirador. Lo que Villapalacios si conserva es su Historia, una Historia que, aunque parecida a la de otros lugares, presenta muchas peculiaridades.

Como la que permitió construir la magnífica iglesia gótica de San Sebastián, que preside nuestra plaza mayor, motivo de orgullo para todos. Y no es para menos, pues este edificio construido hace más de cinco siglos, nos identifica y nos hace únicos, ya que no existe otra iglesia igual. Todos hemos oído hablar de la familia de los Condes de Paredes, sobre todo del tercer conde, Rodrigo Manrique, que vivió aquí los diez últimos años de su vida; o de Luis Manrique, uno de sus muchos hijos, que fue sacerdote en esta misma iglesia y que logró ser Capellán Mayor del rey Felipe II, el hombre más importante de la Tierra en ese momento, o de Jerónimo Aliaga, conquistador con Pizarro de las tierras del Perú, que se casó con Juana Manrique, otra de las hijas del conde, y que al morir mandaron ser enterrados en una capilla que construyeron junto al altar mayor de la iglesia, que por desgracia desapareció hace siglos.

Estos y otros personajes, como el Hermano Francisco protagonista de una vida de película que incluso inspiró a Lope de Vega para una de sus comedias, o en el siglo XIX, como Antonio Muñoz Garrido, que tras irse a Madrid ingresó en el cuerpo de aduanas donde llegó a ser Jefe de la Administración y caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, y fue capaz de reunir una enorme fortuna que le permitió, entre otras cosas, comprar aquí 31 fincas de una sola vez, o como Joaquín Quijano López, el popular bolche, que en 1926 creó un motor de gasolina a dos tiempos, tal y como recoge la patente de invención que todavía hoy aparece registrada a su nombre, luego realizó un prototipo, y consiguió que lo montaran en una carrocería en Barcelona. Desde allí, ¡nadie sabe lo que tuvo que pasar!, vino hasta Villapalacios donde fue recibido por todos en el pueblo y bendecido por Pedro Antonio Castillo, el sacerdote de entonces, tal y como quedó plasmado en una fotografía. Estas personas y muchas otras forman parte de nuestra memoria colectiva y de nuestra Historia y, pese al tiempo que ha trascurrido, los recordamos y en cierto modo los admiramos.

Pero la historia de Villapalacios no sólo está protagonizada por estos personajes ilustres y conocidos, sino también, por personas anónimas, de las cuales apenas quedan noticias o recuerdos. Personas que con su actividad política, social o económica, y sus decisiones han creado la personalidad del pueblo que en el siglo XXI es Villapalacios. Y es que desde el momento en que un grupo de personas se trasladó aquí procedentes desde la cercana montaña de cerro Vico en busca de agua y de mejores condiciones de vida y fundaron la aldea de Cenillas hasta el día de hoy, han pasado más de cinco siglos llenos de historias y de Historia.  

Historias de agricultura y de climatología, que año tras año y de sol a sol, han vivido los hombres y mujeres de Villapalacios de todas las épocas, con el propósito de conseguir una cosecha de cereales, de legumbres o de aceite que les permitiera vivir el resto del año sin grandes apuros.

Historias de progreso, que han conseguido mejorar las vidas de todos. Como la que representó la instalación de la luz en las casas y del alumbrado público a principios de siglo XX o la canalización del río Mesta en 1924 que permitió traer agua por primera vez desde la fuente de las Noguericas a las 2.114 personas que en ese momento vivían aquí, primero a un único pilón situado en esta misma plaza, al año siguiente construyendo un depósito para almacenar el excedente y en los años setenta, por fin,  llevando el agua a cada una de vuestras viviendas. ¡Seguro que muchos os acordáis de lo que esto representó en vuestras vidas!

Historias de trabajo sobrehumano, como las que en los años cuarenta protagonizaron los hombres de Villapalacios durante la construcción de la línea férrea Baeza-Utiel a su paso por este término municipal. Trabajar como braceros, como pinches, o como peones y cobrar un sueldo al final del mes, aunque no superara las nueve pesetas y media, fue una ayuda fundamental para las maltrechas economías domésticas tras el desastre de la guerra civil. Con la línea férrea se abrirían nuevas expectativas de desarrollo para la localidad y para toda la comarca, algo que se vio truncado en 1964 tras cuestionar en dos informes, uno de ellos del Banco Mundial, la rentabilidad de este ferrocarril,  y que llevaron a las autoridades a no terminarla y, por lo tanto, a impedir que entrara en funcionamiento, pese a que el tendido estaba casi hecho, las estaciones construidas y los puentes y túneles acabados ¡Ninguna obra en Villapalacios ha representado tanto esfuerzo para tan poco rendimiento!

Historias de guerra, de posguerra y de dictadura, que sembraron los campos de españoles aterrados, enterrados y desterrados y que aquí marcaron para siempre la vida de los que la vivieron, sobre todo de aquellos que perdieron a algunos de sus seres queridos y de aquellos que defendieron ideas y principios contrarios a los de los ganadores.

Historias de supervivencia y emigración, vividas, sobre todo, durante los años cincuenta y sesenta, cuando aquí no había trabajo para todos y muchos se marcharon sin nada, en busca de una vida mejor, a lugares en los que no habían estado nunca y de los que no conocían nada. A Baleares, sobre todo a Felanitx, a Valencia, a Madrid, a Asturias, al País Vasco, a Aragón, a Cataluña, al mismo Albacete, y a otros lugares más lejanos, de los que por no conocer no conocían ni el idioma. ¿Quién no tiene en su familia al menos a una persona que haya tenido que emigrar lejos de estas tierras?

Son historias generales que todos conocemos pero que están llenas de historias particulares que sólo se conocen en cada familia: como la de Tomás, hijo de Hilaria Gallego y José Tomás Montañés, el chaval, y de Rosario la guapa, hija de Basilisa Bermúdez y Ángel Bermúdez, Moneta, que tras contraer matrimonio en esta iglesia en 1959 se marcharon con el ajuar que ella había bordado en un baúl azul, primero a Algeciras, donde el había conseguido su primer destino tras ingresar en la policía, luego a Murcia, donde nacieron sus tres hijos y más tarde a Barcelona, a más de seiscientos kilómetros de distancia de aquí.

Pero como la distancia no siempre es el olvido, ellos, como muchos otros que conocéis, o que incluso estáis hoy aquí, no se olvidaron de su pueblo. Al contrario. Año tras año volvían un mes en verano por vacaciones atraídos por el imán del sentimiento de Villapalacios. Primero en trenes que no llegaban nunca y atestados de gente hasta Albacete y luego en el Correo. Más tarde en coche, ellos en un Seat 1430, pero podría haber sido en un 600 o en un 850, (no había muchos más), siempre repletos de maletas hasta los topes, circulando por carreteras estrechas e inseguras, y por supuesto sin aire acondicionado. Pero el esfuerzo valía la pena, pues aquí se reencontraban con algunas de las personas que más querían: su madre, su hermana Caridad y su cuñado Florencio, que siempre los acogían a él y a los suyos y les ofrecían lo mejor de su casa. También estaban los hermanos de los dos y sus familias, que vivían repartidos por otras ciudades: Félix, Juan, Ismael, Sagrario, Ángeles y Juanito y también los tíos, y los primos, muchos primos, que eran como hermanos pues se habían criado juntos, y los vecinos de toda la vida, los compañeros de la escuela y los amigos de la infancia y de la juventud.

El volver a ver a la familia y a los amigos de siempre les hacía sentir que el reloj retrocedía a los años anteriores a su marcha, mientras que los problemas y dificultades cotidianos se dejaban olvidados durante todo ese mes. ¿Cuántas historias habrán recordado alrededor de una buena sartén de migas, de gachas o de galianos?, ¿cuántos buenos momentos vivirían durante un paseo por la Glorieta, a la salida de misa, jugando a las cartas o al dominó, en una merienda en la Cueva, o sentados alrededor de una simple manzanilla caliente?

Mientras, sus hijos, como los hijos de los demás, descubrían que había una vida diferente a la de la ciudad, con más confianza y libertad, donde no podían perderse porque todos sabían a que familia pertenecían, y si no lo sabían se lo sacaban. “¡Tu tienes que ser de los chavales, porque eres clavado a ellos!”. Donde se podía entrar en todas las casas, pues las puertas estaban siempre abiertas, donde no era obligatorio andar por las aceras, donde había amigos en cualquier calle dispuestos a jugar con ellos, donde se podía comer las frutas y las hortalizas que acababas de ver durante un paseo por las huertas, y, sobre todo, donde cámaras llenas de muebles y objetos, guardados o arrinconados, les permitían descubrir los tesoros familiares de varias generaciones, durante las largas y calurosas siestas de agosto.     

A la hora del regreso se producía un pequeño milagro, pues en ese coche en el que no cabía ni un alfiler en el viaje de ida, Rosario, como todas las demás madres, era capaz de meter la lata del aceite, algo de matanza, las tortas y los roscos de manteca, los garbanzos y algún melón, y así alargar durante el resto del año los sentimientos y sensaciones revividas y vividas durante el mes de vacaciones. 

Hoy es un día muy feliz para mí.

Hace justo diez años a mi padre le propusieron hacer el pregón de estas fiestas. Pero no pudo ser. Mis padres se sentían muy queridos por todos vosotros y eran muy felices cuando venían aquí. Contaba mi padre Tomás que la primera vez que volvió de permiso al pueblo fue para Navidad. Para ir a la misa del Gallo se puso una gabardina que se había comprado. Pero cuando llegó a la iglesia le dio tanto apuro que lo vieran con una prenda larga que le cubría las rodillas, (que por entonces sólo llevaban los que tenían más recursos, como el uso de la corbata o el reloj de pulsera), que se subió corriendo al coro muerto de vergüenza. Con el tiempo, mucho trabajo y, sobre todo, mucho estudio, consiguió una buena posición laboral, pero jamás olvidó cuales eran los orígenes de los que provenía y cuales eran los suyos.

Hace también diez años que ellos ya no pueden venir, pero nosotros, mis hermanas Charo, Esther, mi cuñado Gustavo, mis sobrinos Laura, Víctor, Alex, Germán y yo, seguimos viniendo año tras año, y no una, sino todas las veces que podemos, a pesar de que la distancia sigue siendo la misma y que las circunstancias han cambiado, ya que aquí tenemos nuestras raíces y aquí sabemos quienes somos como en ningún otro lugar del mundo. Gracias a todos por mantener vivo su recuerdo.  

Quisiera pediros un doble favor antes de terminar.

A los padres y abuelos pediros que no dejéis de contar a vuestros hijos y nietos las historias que habéis vivido, porque sólo vosotros sabéis la verdad de vuestras vidas; y a los más jóvenes que preguntéis a vuestros mayores, porque ellos tienen el conocimiento de vuestro pasado. Conociéndolo seréis capaces de entender vuestro presente y así poder construir vuestro futuro.

Y en segundo lugar, que por favor no vaciéis nunca vuestras cámaras, porque allí es donde se guardan los tesoros más preciados que podéis tener: los recuerdos que hablan de vuestras familias y de sus historias, que son en definitiva las que hacen la Historia.  
Con el deseo de que todos vivamos estos días de fiesta con mucha alegría y cordialidad, os invito a repetir conmigo:

¡Viva Villapalacios!  
¡Viva el Santísimo Cristo de la Veracruz!".

 

 

José Ángel Montañés Bermúdez. Villapalacios, 11 de septiembre 2008.

 

 


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Pregón realizado por MARÍA RESTA RODRÍGUEZ, hija de Francisco Resta García y de Argelia Rodríguez Camacho y nieta de Silvino y María y de Rafael y Felipa.

María Resta, catedrática de Enseñanza Secundaria en Educación Física y licenciada en Geografía e Historia, en la especialidad de Historia Moderna y Contemporánea, ejerce desde 1986 su labor docente en el Instituto de Enseñanza Secundaria Tomás Navarro Tomás de Albacete.

En su pregón realizado en el Salón Parroquial, por las inclemencias del tiempo, repasó el papel de la mujer en Villapalacios en sus facetas familiares y profesionales, tanto en el pasado como en la actualidad. Al final, hombres y mujeres aplaudieron sus palabras y la felicitaron efusivamente.

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María Resta durante la lectura del pregón 2007 y retrato de la pregonera.


PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2007

"Buenas noches a todas la personas que os encontráis aquí con el deseo de presenciar y participar en el inicio de la Feria y Fiestas del Santísimo Cristo de la Veracruz.

Muchas Gracias.

Asimismo, agradezco a la corporación municipal la deferencia que ha tenido al nombrarme pregonera de la presente edición.

Quisiera dedicar mis palabras de esta noche a los hombres y mujeres de Villapalacios, pueblo pequeño desde que el mundo es mundo, situado lejos de las grandes ciudades, sin grandes dotaciones económicas, ni grandes centros culturales ni de ocio, pero formado por hombres y mujeres que hacen milagros y hazañas dignas de estar en todos los libros de historia, porque son las historias cercanas, cotidianas, sencillas y entrañables, las que crean las grandes historias de la humanidad y mueven el Mundo.

El pregón de este año, como mujer que soy, y que me da la oportunidad de dirigirme a todos vosotros, me gustaría centrarlo en las mujeres de mi pueblo, con todo el respeto y cariño a los hombres, -abuelos, padres, hermanos, tíos, primos, amigos y paisanos-, que obligados a representar el papel más serio y menos lucido, han sido siempre los mejores compañeros de viaje.

A las mujeres, y más en concreto a las MADRES, madres de todos los hombres y mujeres de Villapalacios. A las que nos precedieron y a las de hoy en día. A las abuelas, madres, hermanas, tías, primas, amigas y paisanas.

En primer lugar hablaré de las mujeres que nos precedieron, abuelas y madres que vivieron una vida en la que había menos posibilidades que en la actualidad.

- Madres que fueron nuestras primeras maestras, sin título, pues nos enseñaron las dos palabras más hermosas del mundo: la de padre y la de madre. Aquellas, la mayoría si saber leer ni escribir, SABIAN lo importante que era para sus hijos tener más formación y más cultura, por ello nos enviaban a aquellos que si la tenían: Don Eduardo Pastor, Don Aníbal, Don José, Doña Iluminada, Doña Fidela, Doña Araceli, Don Eduardo Algaba, Doña Eva, Doña Paquita, Doña Enriqueta, Don Federico o Doña Isabel.

- Madres, que también sin título, fueron nuestras primeras enfermeras, curándonos las heridas que lavaban con jabón de sosa y cubrían con vendas hechas de sabanas viejas bien hervidas y esterilizadas, dándonos las vitamina casera del huevo batido con vino y azúcar, curando quemaduras con aceite de oliva (cosa que aprendí de la Enriqueta de Toto).

- Médicas o psicólogas, que sin consultar libros ni conocer ninguna teorías sobre las dolencias, sabían con solo mirarnos, dar el diagnostico acertado, y nos sanaban con la mejor medicina que existe, un abrazo, un beso, o con su consejo certero.

- Madres diseñadoras de altíiiiisima costura, que con un retal de casa Robustiano, Edelmiro, Julio Rodríguez, Jose Vicente, la Rosa y la Luisa, o Quijano, con sus dos “jefas de sección”, la Juana y la Campos, nos cosían modelos exclusivos, para estrenar el Domingo de Ramos o el día de Santo Cristo, y que milagrosamente transformaban, sacando, metiendo, poniendo unas picunelas por aquí, o una tira bordada por allá, en nuevos modelos a estrenar por nuestros hermanos más pequeños.

- Madres cocineras de restaurantes de “mil” tenedores, que con cuatro ingredientes de los más sencillos, nos preparaban los mejores manjares del mundo.
Si yo os preguntara, ¿Cuáles son las mejores migas, las mejores gachasmigas, el mejor ajo mulero, los mejores roscos fritos o las mejores fritillas? Todos responderíamos igual ¡las de mi madre!

¡¡¡¡Ya quisieran los mejores cocineros del mundo llegarles a la suela del zapato!!!!

- Madres, mujeres que mientras sus maridos trabajaban normalmente en el campo, y sin tener estudios de economía, dirigían sus propios negocios: La venta de la Felipa, la venta de la Juana María, la taberna de la Hilaria, la taberna de la Liberata, la tahona de la Dolores, la fábrica de jabón y la panadería de la Mercedes, el negocio de bizcochos, caramelos y deliciosos piononos de la Isabel, la churrería de la Dionisia, el quiosco ambulante de la Esperanza, o la centralita de teléfonos regentada por la Flora.

- Madres, que sin tener conocimiento de química o trabajar en un laboratorio, creaban los mejores perfumes del mundo.

- Los que sois de mi edad o mayores que yo recordareis el olor de las sabanas lavadas en Cantos Blancos, el Charco de la Cocinica, el Arroyo del Espino, la Cueva, la Bandera, los Castaños, el Cortijo de Isidoro, y que quedaban impregnadas de mil olores del campo: tomillo, espliego, romero, jara, encina, jabón de sosa y que para rematar la faena guardaban entre exquisitos membrillos.

¡¡¡¡¡¡¡Olor único!!!!!!!

Y es que ¿Hay algo que alimente, reconforte y caliente más el alma que el olor y el calor del hogar de nuestros padres?

- Mujeres, vecinas, que sin conocer entonces la palabra solidaridad, como la conocemos ahora, la llevaban a la práctica y les corría por sus venas, porque las
puertas de sus casas estaban abiertas de par en par para lo que hiciese falta. Para echar una mano en la matanza, o en la conserva, para echar un ojo al puchero, para quedarse al cuidado de los ñacos y de los mayores, mientras ellas iban a segar, a coger la aceituna, o a cocer el pan.
De sus huertas nos daban lo que cogían.
En sus casas siempre nos dejaban algo los Reyes Magos.
Para sus bodas se dejaban sus platos, sus vasos o sus sillas y eran madrinas de sus hijos.
Si a mí de pequeña me hubiesen preguntado si mis vecinas del Toril, los Callejones, o la Bolea, eran familias o vecinas, no lo hubiese dudado: eran mi familia.
Nunca podré olvidar las noches de verano “tomando el fresco” en la puerta de la Vítora, ni las noches de invierno junto a las lumbres escuchando las historias que nos contaba Moreno.

- Mujeres valientes, viudas, que criaron a sus hijos, con más imaginación y valor que con comida, SOLAS, sin estudios y sin recursos, que supieron dar a sus hijos los medios, los estudios y las herramientas para vivir dignamente.

- Mujeres, comadronas y parteras, que ayudaron a otras mujeres a traer al mundo a sus hijos, como la Rosa, la Clementa y la Herminia de Soto, o amas de leche, que compartieron el alimento más preciado de sus hijos con los hijos de otras mujeres.
¡Eso no tiene precio!

- Madres, catequistas, que sin ser teólogas supieron sentar las bases de nuestros principios morales o espirituales, y que después afianzaron las catequistas de vocación, como la mía, la Patro, la hija de la Angelina.

- Mujeres fuertes y sanas que llegaron a ser centenarias, como la hermana Candelaria.

- Mujeres, que como Colón, fueron en busca de otros mundos con sus maridos, con sus familias, o sin ellas, en pos de una vida mejor para los suyos, y lo consiguieron: como la Almeri de la hermana Flora que se fue hasta Noruega, la Fe, la Rosamari o la Rosi, la Adelina de Josete o la Meme hasta Francia, y más cerca, a Palma de Mallorca, donde tantísimas paisanas han empezado una nueva vida, y han conseguido las metas que se propusieron y mucho más de lo ellas imaginaron, un ejemplo sería el de Miriam Muñoz Resta nieta de la Joaquina y de la Vicente, hija de la Segunda que en las actualidad es Concejala del ayuntamiento de Palma de Mallorca y diputada en Madrid por las Islas Baleares.
Pero todas ellas y sus descendientes nos reconfortan con su presencia, y tienen a gala tener sus raíces en Villapalacios.

- Mujeres, hermanas, compañeras del alma, por las que pondríamos la mano en el fuego, sabiendo que no nos quemaríamos, y que, a las que no somos madres, nos dan a conocer a el sentimiento más hermoso y el titulo más preciado: el de ser tía o chacha como decimos aquí.

- Mujeres, casadas, solteras o viudas, que decidieron por voluntad propia quedarse a vivir en Villapalacios, en su lugar de origen, con los suyos, y que tanta envidia sana nos dan a los que vivimos fuera.

- Mujeres, solteras que hicieron de madres de sus hermanos, de sus sobrinos, (puedo dar fe de ello) por decisión propia y por amor. Mujeres que no pudieron o no quisieron elegir el mundo del matrimonio, pero que BIEN FORMADAS, INFORMADAS, Y EDUCADAS, por las anteriores fueron VALIENTES, DECIDIDAS, EMPRENDEDORAS, y buscaron la forma de ser útiles a esta sociedad. Mujeres solteras como la Juana Linares que durante tantos años regentó su tienda, como la Manola que tenía el negocio más dulce y apetible de mayores y pequeños, el de los chambis de chuparse los dedos, la Amelia que fue nuestra primera bibliotecaria, y la Sacra primera funcionaria de nuestro ayuntamiento.

No puedo olvidarme de esas madres que tuvieron que sufrir el mayor dolor de los dolores, el de perder a un hijo, abuelas y madres, que no pudieron ver el fruto de sus esfuerzos, ilusiones y deseos, ni ver crecer a sus hijos ni a sus nietos, pero fue tan fuerte la semilla que plantaron en ellos, que siguen estando en nosotros, y el árbol que ellas plantaron ha dado los mejores frutos en sus hijos y en sus nietos

Mi amiga Gloria y yo sabemos, estamos seguras de que esto es así.

HOY el presente de las mujeres de Villapalacios es EL FRUTO DEL ESFUERZO, DEL CONOCIMIENTO, DE LA VALENTIA, Y DEL EJEMPLO DE AQUELLAS MUJERES QUE NoS PRECEDIERON, y que ha permitido que sus hijas y sus nietas ocupen puestos en todos los ámbitos de la sociedad y por tanto sean FORJADORAS, de nuestra historia contemporánea. Así, hay mujeres “paloteñas” que trabajan en el ámbito del
- Comercio,
- Medicina, sanidad, química y farmacia
- Hostelería
- Asistencia y ayuda en el hogar
- Confección
- Educación
- Comunicaciones e informática
- Mujeres concejalas
- Mujeres jefas de Áreas de Vivienda
- Mujeres directoras de empresa de limpieza
- Religiosas
- Secretarias de asociaciones culturales
- Presidentas de asociaciones de jubilados
- Mujeres presidentas de amas de casa
- Mujeres funcionarias, ganaderas, pintoras, peluqueras, agricultoras, panaderas, bibliotecarias, economistas, jefas de oficinas de correos, abogadas, psicólogas, barrenderas, mujeres albañiles, que lo son, y algunas serán las primeras que reciben formación específica como profesionales en el sector de la construcción.
- Estudiantes de todas las ramas del saber.
Y mujeres como María Isabel Serrano Prada que ha abierto una página en la historia al ser elegida la primera mujer alcaldesa de Villapalacios en las pasadas elecciones municipales, y a la que quiero desear que se cumplan todos los anhelos, ilusiones y proyectos que se propuso para su legislatura.

Para terminar quiero expresar un pensamiento que yo creo sentimos todos los paloteños cuando estamos fuera de nuestro pueblo,

Como diría el poeta, mi amigo Juampe y yo:
“Una querencia sentimos por nuestros acento,
Una apetencia por la compañía de nuestros paisanos,
Y un dolencia de melancolía por la ausencia del aire del viento de nuestro pueblo”
Deseando que estas fiestas las vivamos como las hemos vivido en años anteriores: con alegría, cordialidad, en paz, y, como se dice en el mundo de los toros, “si el tiempo no lo impide”, pues el permiso de la autoridad ya lo tenemos.


¡VIVA VILLAPALACIOS!
¡VIVA EL SANTISIMO CRISTO DE LA VERACRUZ!".

Maria Resta Rodríguez, 13 de Septiembre 2007

 

 

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Pregón de MARÍA DOLORES CUENCA LOSA.


 
 
"Amigos de este rincón
preciado y gente entrañable,
feliz por la invitacion
que nuestro querido alcalde ...
... me hizo, me puse enseguida,
embargada de emoción,
a preparar el pregón,
contenta y agradecida.

Villapalacios divino,
con sus fiestas singulares
y sus verdes olivares
enriqueciendo el camino

Con estos sencillos versos doy comienzo al pregón de las fiestas de Villapalacios, mi pueblo, mi tierra, mi idolatrada parcela, la de mi infancia y adolescencia, la que me arrancaba lágrimas de alegría cuando me volvía de Albacete en el correo con las vacaciones y vislumbraba en la distancia; todo me alegraba: sus casas, su campiña, la Iglesia, el "Rio Casas", la cuesta del médico, sus olivares, sus gentes...

Y ahí estaba mi pueblo, con sus largas y a la vez cortas tardes de los domingos, haciendo teatro en los corrales y cobrando la entrada a una peseta contante y sonante que nos ayudaba a refrescar nuestras cálidas gargantas con las caseras que podíamos comprar en casa de "Belmonte"...

"Cuanto amor y gratitud
a un pueblo con arrebol
que me envolvió con su luz
en horas de dicha y sol.

Preciosos aquellos años
Contemplando nuestra villa
En la Cueva y los Castaños
O cerca de la Asomailla."

Chambis del "Hermano Josete" y bolsas de pipas tostadasy saladas de "El paragüero" que comprábamos con las dos o tres pesetas que nos daban, y aún metíamos algunos céntimos en la alcancía para abrirla despues en la Feria.

Películas de la época : "Mary Poppins", "Doctor Zhivago" y otras muchas que veíamos en el Bar de Chicharro y de Bolsos.

El Salón del Cura, nos permitía ver las grandes series en blanco y negro: "Bonanza", "El Virginiano", "Los Invasores" (el color se lo ponía Don Miguel, poniendole a la pantalla del televisor papel transparente de tres colores : verde, azul
y rojo ...).

Con la radio y "Elena Francis" aprendíamos a bordarnos el ajuar.

Aprendíamos a bailar en el "Hogar Juvenil" conducido por Juanito "El Inglés" y Pepe "el de Sise" , deliciosos porteros; por cierto que las chicas más altas y atractivas lo tenían más fácil que las bajitas -sin la edad reglamentaria- para entrar.

Los lectores contabamos con una Biblioteca de libros juveniles con títulos gratificantes : "Los cinco secretos", "Los siete secretos", "Tiempo de aventuras", "El valle del arco iris" ... y el intercambio de tebeos : "Serenata", "Rosas blancas", "Pulgarcito", "El capitán trueno", "Roberto Alcaraz y Pedrín", etc...

Abril con sus aguas mil y las "Cruces" oliendo a romeroy a espliego, a jazmín y mejorana, a violetas silvestres, a rosas y a hierbabuena.

"Las cruces en lontananza
llena de chiquillería
regalando una alabanza
y bastante algarabía...
...pensando en bailes amables
con jotas muy resabidas
en veladas agradables
amenas y acariciadas."

El 17 de Enero -San Antón- se rifaba el "Gorrinico Antón" y se echaba otro a la calle para alimentarlo en cualquier casa del pueblo hasta el año siguiente para rifarlo de nuevo.

El invierno y las matanzas. Amigos en acción al lado del matachín "El Venao" para matar el gorrino; copas, roscos, bromas, chascarrillos, "iniestas" chuscarrando y "un ajo de mataero" que sabía a Gloria...

"Y a pesar de la sequía,
os animo agricultores,
que mereceis miel y flores,
para que, con armonía...
...sigais al pie del cañón
trabajando con esmero
en este pueblo señero
que llevo en el corazón.

Los olivos sembrados
de este terreno sin par
son el legado ejemplar
de manchegos afanados...
...en una labor grandiosa,
cuando la vida era dura
lo mismo que una aventura
complicada y peligrosa."

Los surcos que llevan el sello, la rúbrica de nuestros padres y abuelos, que casi se dejaron la piel echando horas y horas entre calor agobiante y frio casi glaciar, continuan en su sitiosonriéndoles a las nuevas generaciones.

Vosotros hombres y mujeres de Villapalacios, sois la paciencia , el sosiego, el dinamismo, la valentía y la esperanza; y es que habeis tenido al maestro de maestros, a "Isidro El Labrador", nuestro imborrable Patrón que nunca pasa de
moda. ¡Paz, solidaridad, tesón y esfuerzo en los campos de vuestro pueblo y el mío".

Mi recuerdo está también con aquellos que nos han dejado recientemente; muchos, modelos de entrega a los demás, decididos en todo momento a colaborar, a echar esa mano inesperada y providencial que surge sin avisar...

Y no puedo olvidarme de nuestra juventud, vosotros sois los herederos de nuestras costumbres y nuestra cultura, que no caigan en saco roto, que la existencia brinda infinitas posibilidades para realizaros. Tened siempre presente la honradezy el carisma de las gentes de vuestro pueblo. ¡A un pueblo no lo hace grande ni sus políticos ni sus haciendas; lo hace grande la entraña, la tolerancia, la bondad, el sentimiento..! ingredientes esenciales y vigentes para que la semilla buena fructifique...

Por último, afables ancianos de Villapalacios, que la soledad no os invada y que os acompañe un familiar o un amigo para alegraros los ratos que mereceis. Ellos recibirán en recompensa, el regalo de vuestra sabiduría. Que el "Cristo de la
Veracruz" os dé la mano en el camino de una etapa diferente y que a nosotros nos acompañe y bendiga.

"Y permitidme que pida
en los postreros espacios
antes de la despedida:
¡Gente de Villapalacios...
...y público queridísimo,
juventud y senectud,
que viva siempre el Santísimo
Cristo de la Veracruz!"

¡Viva las Fiestas de Villapalacios! Y mil gracias a nuestro Alcalde y a su equipo por la
distinción y el detalle que han tenido conmigo al convertirme en pregonera.

Un abrazo a todos y ...
¡Felices Fiestas!

María Dolores Cuenca Losa. - Villapalacios Septiembre de 2005.

 

 



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